Casa del niño
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Comenzó la temporada, y los pronósticos no son los mejores. Hay un marcado temor a que la afluencia de público no llegue a los niveles necesarios para el éxito de la ciudad en general y de los oferentes de servicios en particular. En donde se dan los mayores temores es en el marcado de alquileres, donde aún quedan muchas vacantes.
Más allá de la realidad de una temporada marcada por la crisis, podemos decir que hay muchas razones locales para esta situación. Primero: la oferta crece constantemente. En los años en los que crece la demanda, esto no es problema. En un año como este, donde la máxima expectativa es alcanzar los niveles de la temporada anterior, se genera el problema de sobreoferta. Quienes deben amortizar una obra ofrecen precios bajos a fin de lograr una clientela, por departamentos, casas o cabañas a estrenar. Así, mucha gente que mantiene en oferta propiedades más antiguas pierde competitividad.
También existe un numeroso lote de propietarios que ofrecen casas de pésima calidad, mal mantenidas y sin servicios. Este tipo de gente genera que muchas personas se lleven una mala impresión de la ciudad, y son los más ruidosos en la queja al no tener clientes.
En resumen, la demanda puede caer, pero quienes no mejorar su oferta se están buscando la ruina, y cuando llegan, no comprenden por qué.