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Miércoles, 01 de Abril Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, filósofo y profesor geselino

Un espejo

Hay frases que vinculan hechos y hay hechos correlativos entre si, por ejemplo, en esta cuarentena usted está obligado y por lo tanto, se debe a ella por esa obligación, hasta el momento todo cierra, pero al instante que se pregunte ¿y cómo cumplirá ese deber que la obligación le exige?, surja la palabra mágica por el cual tendrá éxito o fracasara en esa relación deber-obligación, se llama disciplina.

La disciplina es la construcción del auto sometimiento a los propios dictados de uno mismo en función de equis objetivos, sean estos los que sean, usted para lograrlos, está obligado a la disciplina, por lo tanto toda disciplina es una construcción interior de cada individuo pero que no puede ser impuesta, porque no se trata de una expresión exterior al sujeto. Pues para el sujeto indisciplinado, lo que proviene de ese afuera sea interpretado de forma coercitiva, restrictiva y prohibitiva, por ello los miles de casos de los sujetos que no cumplen el aislamiento que les impone la cuarentena, se trate de individuos indisciplinados que no la quieren obedecer como se debe.

Todos saben acerca de la disciplina algo que solo es posible desde el disciplinamiento y solo podemos hablar de ella si antes, ese sujeto, ejerció su propio disciplinamiento, así, método, esfuerzo, consistencia, orden, auto respeto son las variables del auto disciplinar, por el cual lo que hace el individuo disciplinado tenga sentido, motivación y razón de ser.

La disciplina por ser una construcción propia tiene rasgos de inventiva en los sujetos que la practican, un inteligir, una inteligencia este al servicio de ellos y que los hace mejorar o innovar en sus escuerzos cotidianos pero el problema en la presente condición contextual son los indisciplinados, he aquí el espejo donde se habrá de mirar este heterogéneo social en el pueblo, provincia y nación, entre los disciplinados e indisciplinados, estos últimos compuestos por los vivos, los cancheros, los piolas, los ventajeros o los amigos de la pandemia y enemigos del deber y la obligación.

Ahora, este indisciplinado posea las riendas en las presentes medidas, del éxito o del fracaso de las mismas, él tiene entre sus manos la posibilidad exitosa o del fracasar de toda la cuestión, el indisciplinado manda, tiene el poder entre sus manos para romper esa cadena de supervivencia que respeta lo determinado por las autoridades nacionales, y con un poder extra a su favor, que uno de estos indisciplinados contagiado, se convierta en un arma por lo exponencial del contagio y situar en jaque al resto disciplinado.

El famoso "yo argentino" nos da a entender nuestro pasado o preceder, donde en ese no darme cuenta de nada o mirar para otro lado, se sacaba provecho o ventaja de ello, el indisciplinamiento es eso, algo que viene siendo arrastrado desde hace décadas, y el hoy los muestre en su cabal condición, el peligro de ser tal. Ya que ellos, hoy no necesitan ser gobierno ni oposición, ni ser juez, militar o policía, docente, jefe o patrón, hoy cualquier pibe, adulto o anciano, por contexto, familia, barrio o herencia, ejerza la no disciplina y ponga en riesgo a los demás.

Así, lo público es tomado por estos indisciplinados, las calles, las plazas, veredas, paseos etc., ya que lo privado es el ámbito de la disciplina, el "quedate en cada" como medida preventiva muestre a lo público, en mano de la indisciplina, y los hijos de la disciplina vulnerables a ellos.
Juan Oviedo, filósofo y profesor geselino

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