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Miércoles, 28 de Junio Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, pensador local

8. Lo oculto

Según la neurociencia es más lo que se escapa a la conciencia de lo que se pueda sospechar, que insta a una categoría un tanto no pensada y verse acerca de lo oculto, hablamos de una condición presente en lo real pero que no sale a la luz a simple vista, y nada tenga que ver con lo que decimos el Psicoanálisis.

Hablamos de algo que en el simple mirar no puede ser captado ya que la persona quede encandilado bajo la instancia del aparecer, la preeminencia del mostrar destierra a un segundo grado lo simultaneo que existe en todo lo real y que nos lleva a la pregunta ¿cómo saber que existe o hay algo oculto si no se lo capta?, por la lógica de lo real que nos dice que cada subjetividad es una bisagra respecto a lo objetivo y lo que percibimos, no lo sea por el aparecer de las cosas sino por lo que nos interesa y eso, oculte todo aquello más allá de nuestro interés.

Lo real se encuentra en un radio de acción más amplio del que actuamos y postule a un más allá de nuestras conciencias, esta porción de lo real que utilizamos no registra a lo real en toda su dimensión y nos vincule a un ignorar que posiciona lo oculto como categoría que desconocemos.
Vayamos a un ejemplo, las guerras tienen sus razones, poseen una oculta condición justificada en términos de intereses sean esos los que fueren, algo que vulnera voluntades y construye destinos a esa monstruosidad de la guerra, operado de las tinieblas de lo humano lo monstruoso y su hijo el destruir, no sea jamás puesto en tela de juicio ni pertenezca a nuestro interior sino considerado solo mera reacción a la faz ajena, somos reacciones ante la amenaza y el peligro que significa la presencia del enemigo (él, es lo abominable), aunque, ese "enemigo abominable" tenga la edad de 9, 10, 11 y 12 años.

Niños sujetos al crecimiento y en eso consista la futura amenaza, el monstruo nacionalista-religioso o de la etnia siempre será presencia en lo ajeno, por el cual se hará necesario quitar de raíz a tales monstruos y motivo del presente aniquilar. Pero en esa justificación ocultamos la condición monstruosa de lo propio e invisibilizado ante la amenaza potencial de los cabales monstruos que son los otros, los de las otras culturas, países o religiones, los que están afuera de los cánones de mi cultura cristiana-occidental.

El odio, la ira, la aspiración por destruir y matar, como la tortura, son razonados simples acontecimientos reactivos y potenciados por la guerra, ahora, tal juicio "oculte" algo más significativo, porque no se trata de la guerra en sí, sino del ejercicio destructor que yace en el cada uno de nosotros y utiliza a la guerra cuan testaferro para ejercer la destrucción, y velar ese núcleo destructivo que somos tras el mostrar.

Ahora, en la esfera privada de lo oculto abreven víctimas y victimarios, potenciales conductas destructivas como la de los asesinos seriales, criminales sexuales, violadores, los violentos de género, victimas formales, no obstante, sus condenas obedezcan de ser meros chivos expiatorios de un sistema legal y funcional a las formas del perímetro de lo oculto, creado para esconder la fascinación que todo asesinato y castigo provoca. Parapetarse en una judicialización como fuente justificadora reclamando sus víctimas y gozar con ello, ¡he ahí también a lo oculto! La otrora pena de muerte y cuasi espectáculo popular, cambió a espectáculo de la esfera privada y a la que concurrían autoridades locales y penitenciarias según planteo foucaultiano.

Entonces, eso oculto no nos muestra el germen de nuestra ruina habitando en cada uno de nosotros, sino al mundo cuan gigantesco patíbulo donde lo monstruoso reina y lo humano no forme parte de ello.

Pero lo oculto por ser negado, emerja según disfraces sin otorgar a la condición humana el perfil que lo aloja, no obstante, ahí pertenece, donde lo humano y lo monstruoso no poseen formales vínculos entre sí.

Reconocer lo monstruoso sólo en lo ajeno, no solo implica una burla sino el ejercicio de lo oculto como burla, hablamos de una identidad que jamás podrá ser vulnerada por la publicidad ética de lo axiológico, en un planeta donde la gente se muere de hambre y ¡tal calamidad ser justificada en términos de desigualdad social!

La faz de lo oculto es esa perversión ejercida a la luz de todo el mundo y a la que se muestra descaradamente, en los medios frente a todos, muerte, guerras, asesinatos, despojos, violencia, desastres naturales provocados por el hombre, etc. todo eso cumpla la paradoja de ocultar desde el mostrar por naturalizar lo mostrado y así, invisibilizarlo, pues el mostrar, se halle al servicio del ocultar.

Pero quizás, lo que mejor revele eso oculto del que hablamos, sea el patentizar del amor en la tierra.......

Era nuevamente niño, no porque jugara a diario
Sino porque la ilusión era mi diario barrilete
Si, era niño de nuevo con el amanecer fresco
Lleno de sol, vivencias, esperanzas............

Hasta el día en que se fue
Aun, sabiendo a lo que me exponía
Simplemente se fue.......

Y en medio de adulta zozobra
El niño existir, ingenuamente existía
Porque no podía dejar de quererla
¡Cuánta ingenuidad, cuanta!....

"Se fue, mira no insistas más
Ella se fue", -le dije miles de veces-
Pero él, candidez de por medio
No podía dejar de amarla.

Pero ya no podía continuar más así
O era él o era yo......

Sólo cuando no la ame más
El niño murió
Llevándose a mi último barrilete
Cuando apenas....... tengo 30 años.

 

 

 

Juan Oviedo, pensador local

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