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Jueves, 17 de Agosto Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, pensador local

11. Romanticismo

Por si no lo sabéis, el mundo se vuelve a recuperar cada vez que alguien dice "te amo" y el otro escucha lo mismo, no existan palabras en la tierra que signifiquen tanto como esta palabra porque en cada "te amo", se inicie una apertura por la palabra misma, y vuelo de la metáfora hecha poesía que nos ahonda y nos cala con su actitud dilecta, la del ser romántico que hace del amor polisemia pura.

El ser devenido como ser romántico, es el que despliega y esparce en el mundo la polisemia señalada, así, el silencio comunique y la ausencia ser presencia del estar ausente o precedido encuentro que la ilusión instala, esperanzados momentos que aun no existen, junto a un nombrar personal y bien privado, todas ellas sean acciones románticas como solaz al tormento que significa estar sin el ser que se ama.

La imaginación romántica nos lleva a habitar un espacio virgen y no hollado, donde no existen verdades ni experiencias reales sino un estar suspendido en la ingravidez del corazón latiendo al compás del corazón ajeno, mucho más que del propio, entonces, lo romántico posicione a un ser mítico por el cual los ojos queden presos de su propio mirar, porque para esos ojos no hay nada más encantador que apreciar al ser amado y la mirada romántica provoque la hipnosis por la presencia de quien se ama.

Si la utopía, la esperanza, el mañana y el llegar a ser son el solapado reclamo por nuevos espacios y sentidos en lo mundano, el romanticismo los sea todos en simultáneo pretender, a que la tierra no sea profanada por aquellos que no aman, ya que el amor, es un estado de mudar como esos "dos en uno" al que llamamos beso.

Identidad amorosa transformando tiempo y espacio, momentos donde la flor se hace obsequio y la inspiración despierta al poema.

Pero el romanticismo no será eterno, se agote cuando el amor se hace deseo y deviene después en pasión, momentos donde su encanto se disipa y lo efímero lo aprese por el mudar del amor en formas más concretas como ente que se hace pareja, entonces, lo romántico se pierda y se oculte en su propio replegar y el mismo decir con su mismo escuchar, olviden su corresponder en la tierra entera.

Y esto sea así porque el romántico nunca poseyó un contacto directo con aquello que ama sino que lo hubo siempre mediado, hablamos de una estética del amor que solícita al mirar un transformado sonido y devenga canción en aquellos que así lo descubren y escuchan, por ello el contacto directo anule a lo más propio del romanticismo, el ser sugerencia hacia la sensibilidad del otro enamorado.

El eje de la cultura romántica puso como esencial la interioridad de la persona, la importancia del yo, y éste hizo de la sensibilidad su más precioso tesoro, pero sin normas o pautas porque la sensibilidad contradiga a toda pauta o norma como rigideces que atentan notablemente a la cualidad vulnerable que todo lo romántico significa.

Pues la experiencia del romanticismo no suceda en lo pragmático de las cosas, altamente sensible a las forma que pautan o estereotipan toda condición amorosa, sufra por los embates que lo real posiciona, entonces, el desencanto no marchite a la flor pero si a su regalo, la palabra del otro no mude al propio mundo de uno y el amante junto a lo amado, pierdan su misterio por hacerse conocidos, entonces,......

Vuela sobre mí, solo vuela

No te poses, jamás lo hagas

No soportaría ver las huellas

Que has pasado.....

Juan Oviedo, pensador local

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