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Sábado, 22 de Julio Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, pensador local

4. Lo trágico

Le cabe a la tragedia haber indagado acerca de los secretos del existir humano en la antigua Grecia, nacida bajo un sentido religioso, la obra trágica surgió como representación del sacrificio de Dionisios (Baco) formando parte del culto público.

También la mitología griega entre sus muchas explicaciones acerca de cómo eran o sucedían las cosas, siempre nos dio a entender esa condición terrible, que los hombres no manejan nada porque otras son las fuerzas quienes lo hacen en realidad, ¿el hombre?, mero títere de lo celeste a su servicio en la tierra y hoy, más allá que aquella concepción fuere reemplazada por otras miradas, una, el de la neurociencia que nos dirá que la consciencia "va detrás de lo que el cerebro emocional determina" por lo cual nuestras decisiones no son propuestas desde un sí que elige, evalúa, discierne, volviendo vigente la sentencia trágica "que no manejamos nada".

Sin lugar a dudas que lo dicho contradiga notablemente al "hacer y transformar" de la voluntad según Schopenhauer y centro de toda autodeterminación, pero tales prerrogativas colisionan cuando el hombre es azotado sin miramientos por los imponderables como son los accidentes, lo inestimable, lo azaroso, lo fortuito, lo casual, la muerte, el desencanto etc.

Un exasperar personal surge cuando las cosas no son ni salen como se las desea, algo presente en la interacción mundanal o virtual de Internet, donde la velocidad y lo simultáneo del ciberespacio son condiciones exigidas según esa idea de fondo compartida por todo internauta, la de tener al mundo entre sus manos ejerciendo su expresión favorita del ¡ya y ahora!, pero cuando no es así, se despierten los berrinches de la centración ante el vulnerar de sus voluntades, entonces,.....¡oh, el mundo no es ya mi representación!

Los imponderables de lo contingente como parte de lo real posicione "a lo no querido" y "a lo no deseado" o "a lo no planeado", ubicando en la palestra de las vidas que "los imponderables", se encuentran más presente de lo que se cree y la contrariedad adquiera un tamiz dramático cuando "lo que no se espera, vulnera a lo esperado", momentos donde lo sombrío se hace patente.

La respuesta emocional del berrinche ante la voluntad vulnerada del capricho y su consiguiente drama, será liviana representación a tales situaciones no felices si lo hemos de comparar con el sentido profundo de lo trágico, ya que en la tragedia se cierren las posibilidades mundanas del hombre y se clausure el mismo mundo con tal cerrazón, la ausencia de apertura obedece a la oscura sentencia y a la que todo sentenciado desconoce y cuando la conozca, oponerse a ella será ¡inútil condición a lo que indefectiblemente habrá de cumplirse!, siendo este el meollo de toda tragedia, el oponerse a una condena que no se podrá revocar ni eludir desde el ciego creer asistido por la voluntad humana.

Ahora, lo trágico como realidad insoslayable se ensañe más en aquellas mentes ligeras y afectas a lo superficial de las cosas, fuente de prejuicios y liviandades, ejes desde donde interpretan al mundo de su tiempo y mundo banalizado por quedar centrado en las particularidades del sí mismo como son sus propios éxitos, el consumo en todas sus formas o sus triunfos personales, constituyan la fuente de sus futuras odiseas cuando la realidad los contradiga y les muestre su torpe banalidad.

Desde el berrinche por no lograr su anhelo del último celular, el jean modelo, el nuevo objeto, puesto laboral, viaje, conquista etc., el escenario de sus propios dramas lo sea por la superficialidad en la que viven y tales imponderables, sean experimentados catastróficamente sin la comprensión del significado que los antecede: su levedad, que los torna víctimas predilectos de lo trágico.

Precedidos por el capricho y sujeto a lo estúpido, tal develar será imposible desde la enajenada inmadurez a la que son afectos, así, esa falta de elucidación acerca de lo real del mundo ¡instale la condición trágica de este tiempo!

Y la condena de lo no esperable" se posicione en el mundo.

Hablamos de individuos muy distintos al héroe trágico que se negaba a aceptar el designio impuesto al enfrentarse a las fuerzas cósmicas y a los propósitos divinos, tal resistir posicionó a lo sombrío como destino a la titánica y despareja lucha contra el poder de los dioses.

Por el cual el hondo significado de lo trágico es algo que si o si nos vincule con el plano de lo trascendente, más allá que hoy día sea reemplazado por el drama y el capricho o efectos colaterales de la máxima de Protágoras: "el hombre como la medida de todas las cosas".

La tragedia es "no saber acerca de un destino" y de saberlo, buscar cambiarlo pero que "no se podrá cambiar" y sitúa al decidir humano lejos de sí, el hombre no impera solo en el mundo sino que es acompañado por fuerzas que desconoce y a las que debe respetar, no puede desafiar aquello que desconoce, pero hoy día al no existir nada más que su propio eje, el hombre hace de sí a su propio Dios y a su propio cosmos, y en ello, también a su propio desmadre.

Y ejemplos de tal desmadrar lo encontremos en los desastres ambientales, el narcotráfico que destruye, el terrorismo que mata, las migraciones por hambre, el capitalismo que demuele, el globalizar que invade, la corrupción de los políticos, las pestes, el hambre, los medios etc.

Si la hominización saco al hombre de su preceder animal y la presente humanización una auto destinada divinidad, es porque busca dejar de lado su condición de impertinencia ya que ser hombre es "no ser animal ni ser Dios", algo que no lo hace naturaleza ni tampoco celeste, un "no lugar" implique todo lo humano, entonces, ser hombre es ser condena a un solo instante al morir sin porqué y al que desesperadamente busca escapar.

E inútil anhelo por su trágica condición.

Tragedia

No tengo corazón, pues él
Ya no me pertenece
Por eso debo estar a tu lado.

¿Sabes lo que eso significa?
Que la tragedia sea el destino
Como corolario por vivir juntos.

Agotaremos la pasión por tanto vivirla
Vaciando al mundo de su encanto
Y posicionar el vacío
Por extinguir lo que se vive.

Pero sin corazón no puedo vivir
Y vivir con vos deviene vacío
Entonces, mi destino es más trágico aun
De lo creído en este primer momento.

No puedo escapar de la telaraña del amor
Ni puedo evitar que mi corazón sea robado
Que mi pasión devenga nada
Ni impedir que el dolor sea
Por tal funesta posibilidad.

En la sentencia de encontrarte en cada abrazo
En cada caricia, allí te pierdo amor
Ante el amor que se agota
Por ser intensos.

Enloquezco y pienso locamente
En no amarte y perder el amor
Pero así, no podré perderme en tu caricia
Y no perderte por poseerte
¿Entiendes?......

Y así y todo sin poder hacer nada
Voy a tu encuentro
A ser un recuerdo o a ser un momento
Y camino hacia lo siempre
En simple e insignificante destino
O trayecto hacia mi propio olvido.

Juan Oviedo, pensador local

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