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Viernes, 21 de Septiembre Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, pensador local

Instrumentos

Cuando se lee algo, se mira una imagen, se escucha un decir, sabemos que en el fondo se nos quiere significar algo, de acuerdo al contexto podemos entender tal significado, por ejemplo, un discurso político poseerá ese tinte oficialista u opositor al que usted acuerde o no, con la imagen sobre una publicidad suceda lo mismo, sabe que es un producto al que se intenta vender y se le quiere convencer a que lo compre y a la hora de escuchar la radio, la noticia informe acerca de ciertos aconteceres.
Señalamos acciones a diario ejercidas por estar bombardeados e inmersos en esa fabulosa expresión de lo mediático al que consumimos cotidianamente, pero lo importante no esté en lo dicho sino que se invisibilice su cabal e importante hacer, ser instrumentos de naturalización y legitimación acerca de lo real y del mundo.
Estos instrumentos son los saberes y creencias que los operadores buscan solidificar posicionando puntos de vista, un cabal ejemplo son los medios, pues ¿acaso lo real del mundo no está constituido por esas manifestaciones que lo mediático postula?, donde van naturalizándolo, donde eso natural no consista en determinar ¡que es lo real! sino en la jerarquía detrás de eso real, del orden que va determinando que eso real así lo sea, como sucede en las sociedades costeras al servicio del balneario, porque lo importante de tales realidades no son ellas misma sino el balneario al cual pertenecen.
Bajo la hegemonía de un pensamiento que postula a la temporada como eje de la realidad de los balnearios, el valor de la temporada no es solo posea un efecto económico sino que fue eje de un pensar que la concibió fuente del desarrollo y del progreso local, donde la sociedad según este lineamiento, nació como resultado de ese progreso. Tal premisa constituye un pensar centrado en la temporada como valor paradigmático y presente desde las instancias fundacionales del balneario.
¿Pero es así?, la palabra que desmiente la panacea de la temporada se llama recesión ¿y qué se hace en ese periodo en las sociedades costeras?, vayamos a lo que se lee, se muestra y se dice en los diarios locales del pueblo pero que a nivel contextual se repliquen por reiterarse los hechos y valoraciones del fondo compartidas:
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Naturalizan porque bajo ningún aspecto cuestionan a las figuras políticas posicionadas según listas sábanas y partidos nacionales, anquilosadas en municipios y concejos deliberantes, por décadas. Como parte de una superestructura, pertenecen a los lineamientos de la estructura de cada pueblo.
Naturalizan el delinquir porque en ningún momento han investigado el fenómeno del delinquir en las zonas costeras, y colaboran con la creencia que la cabal respuesta a ese problema, es implicar de las fuerzas policiacas o de seguridad.
Peatonales, asistir a eventos de turismo etc., a favor de los dueños de los servicios del balneario y legitimación de la mirada unidimensional que espera por la temporada con eventos tales como fiestas varias, mientras, lo que no puede esperar son esas sociedades presas de sus múltiples necesidades. Tal discurso tiene un tinte religioso y cristiano, resignadamente soportar las penas presentes para lograr la futura panacea celeste, algo de por si falso, pues la recesión es estructural.
La historiografía insistiendo en posicionar como visionarios civilizadores a meros burgueses y profesionales que solo vieron en estos espacios ganancia y rentas, y a tales fines, crear museos, casas de pioneros e instituciones vanagloriándolos, pero se trato de terratenientes o europeos que organizaron este espacio natural e inútil y al que se podía explotar.
Entonces, ¿qué está en el trasfondo de todo esto que naturaliza y legitima?, una concepción liberal presente en el pueblo, pero que no debemos ocultar sus responsables tras el neologismo del mercado sujeto a la oferta y la demanda actuando aquí, sino tal apellido concreto, tal familia posicionada la que usufructúa en el lugar explotando empleados utilizados para lograr más riqueza y aprovecharse de la condición de necesidad de la gente.
No hay relaciones de igualdad entre unos y otros, sino de interés y por lo tanto de jerarquías, la propiedad privada es un valor y quien más tiene, más poder logra y vinculados con los medios de cada pueblo, legitimen a la temporada como ethos de cada individuo costero, tengan o no medios de producción. Una tajante oposición representa eso, entre un derecho individual y los derechos colectivos, propiedad privada versus sociedad.
Con esta legitimación nos topamos con una implícita postura que busca subordinar, a pensar según los lineamientos del balneario, porque aquel que atente en contra de esta mirada será un disidente, un bárbaro, ante el influjo civilizador que significo y significa el balneario y trasfondo a una expulsión ontológica denominada "otro", en oposición al nosotros.
Por lo tanto, deberá estar atento a los instrumentos de naturalización y legitimación, querellar contra ellos, si el pensar, significa algo para usted.
Juan Oviedo
Juan Oviedo, pensador local

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