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Viernes, 22 de Marzo Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, pensador geselino

Delirios

Mire, los hechos no nos confunden sino la falta de repuestas de aquellos aludidos en los hechos, sea lo que nos confunda, porque la calle es insuficiente.

Hay un chiste reciente que está dando vueltas y que dice lo siguiente, "Fue tan irreal el discurso que en un momento creí que Michetti se iba a levantar a aplaudirlo",.....error de apreciación, el chiste sería "Fue tan delirante el discurso de apertura que la misma Michetti no quería escucharlo más".

Mire, todas las fuerzas de la República parece que sufren a este gobierno presente, entonces, ¿cómo un general puede ser mandado por alguien que según sus hechos son imposible de respetar?, y así, ponga en la lista a todas las cabezas de las fuerzas vivas de una sociedad que viven el mismo suplicio del general, estar, escuchar, acatar lo que un sujeto dice, hace, manda, maquina y para colmo de las cosas ¡intenta ser reelecto!

Ahora bien, vamos a esa palabra de lo irreal, del delirio, por ejemplo con un delirio nos topamos con una idea que se tiene acerca de algo pero que no es real o sea, es algo irreal, entonces decimos que el discurso de apertura es irreal, es delirante, pero ¿que obliga a toda una nación estar bajo lo que ordena alguien que delira?

Mire, usted escucha palabras como investidura presidencial, primera dama, jefe de las fuerzas armadas, presidente, máxima autoridad de un país algo que desde chiquito se le va inculcando, pero no solo eso sino lo que de fondo significa y confiere dignidad a lo que hemos señalado debe acompañar, hablamos de la representación del orden, cierta coherencia, mostrar una apertura al sentido común etc. porque son estas segundas significaciones quienes otorgan el título a las otras y que son las formales.

Entonces, si usted no encuentra estas del sentido común, tampoco puede darle lugar a las otras, porque si es así, usted pasa a ser el delirante, se mueve por una idea que no existe en la República, de estar bajo el mando, la decisión de alguien que no cumple las pautas cabales del sentido, la coherencia, la seriedad y pretender ser modelo rector del presente país.

No obstante, la gestión pone de rodillas a todos los que bajo el universo de las palabras abarcan, presidente por un lado y subordinados por el otro, he aquí el verdadero delirio en esta subordinación, en este acatar, en este obedecer y de no ser así, de la falta de poder para cambiar el estado de las cosas viviendo la resignación que ese subordinar implica.

Pero mire, mire, estos fueron puestos por los otros que aspiran volver a gobernar, usted no tiene opción, si no delira sabe que nada nuevo va a venir, el mito del eterno retorno es la voluntad de poder y algo que jamás se deja, volveremos.....¿le dice algo?, recuerda usted ese desafío que decía, "que formen su propio partido", esa aptitud lo posiciono, entonces, no hay que tener muchas luces para concluir que la actual calamidad ya fue prefigurada por los vencidos de ayer y los posibles triunfadores de mañana.

¿Ve el pendular?, lo quieren ocultar desde algo falso llamado grieta, cuando ningún político cuando llega nunca se va, el juego de gatos y ratones es estrategia para el perpetuar.
Mientras, el mito del eterno retorno también se dé en el pueblo, el pueblo que hubo posicionado a delirantes, ladrones, sumisos, quizás porque en el fondo la única realidad que importe este en lo que se llama temporada y todo lo demás, delirios e irrealidades.

Pero mayor delirio que ese, sea imposible de superar.

Juan Oviedo, pensador geselino

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