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Miércoles, 19 de Junio Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, pensador local

Miradas

Haga abstracción de quien lo dice, eso significa, haga abstracción de la investidura presidencial y del o la ministro de turno y solo escuche lo que dicen, y si comprueba que lo dicho roza la falsedad o la mentira, entonces, ¿con qué armas cuenta usted para defenderse de ellos? porque usted será víctima de esa vacuidad, así, falsificaran los hechos, le mentirán acerca de los mismos para quedar bien ellos ante los demás a costa de que a usted o sus seres queridos sufran, ya sea a que se los mate con balas, con hambre etc., tal gobierno sea muy competente para esas cosas.

Pero ¿y si en el fondo se trata de ocultar algo no ordenado y que los muestra que no poseen un cabal poder en aquellos que dicen mandar?, ejemplos: mercado, dólar, inflación por un lado, y subordinados, gatillo propio y negocios por el otro.

Lo cierto es que tengan o no dominio de lo que dicen gobernar y mandar, nos someta a la ley de la selva, que no solo rige la ley del más fuerte sino quien acciona lo hace desde sí, eso significa tomar recaudos desde el propio considerar.

Como es ver a cualquier persona que resulta sospechosa y pensar en términos de defensa, "algo lógico dirá", ¿pero qué sucede si ve a la policía?, entonces, ¿qué tipo de recaudo puede adoptar si puede resultarle sospechoso a ellos por el cual lo puedan matar?, ¡los veo, y corro! (el recaudo), y la muerte por la espalda (se resistió).

Un asesino ¿es lo mismo que sea mafioso o de la fuerza? y quién protege a un asesino, ¿no es cómplice del mismo?, desde la creación de la década del cuarenta del siglo pasado en la Argentina (precedida por la policía de la Capital fines siglo XIX), tal fuerza siempre fue brutalidad al servicio del poder, la complicidad entre unos y otros siempre estuvo presente, con la mirada del poder judicial mirando para otro lado, mire, usted está solo y a merced de ellos, como el James Bond argentino así lo dio a entender, un aparato sospechado y vigente, algo que los mismos políticos han reconocido disimuladamente, pues quizás algún día deban acudir a ellos, ¿cual es o sería el Hoover argentino?

Que no le quede duda, usted es el eslabón más débil de la cadena y nadie lo protegerá, excepto usted mismo, quizás se interrogue, por los derechos, las leyes, las sentencias, bueno, ellos en si no existen como ámbito protector porque van detrás de los hechos, ¿cómo se lo puedo decir?, usted no tiene ni cuente con garantía alguna porque nadie lo protegerá y quede expuesto a la mayor indefensión y típico de la ley de la selva, hallarse inseguro ante los otros.

La exposición por existir aquí, se trate de eso, y que se inicia cuando usted vota a visibles pero éstos cuando son gobierno, nombran a funcionarios a los que usted no voto, ¿los puede sacar?, ¡no!, solo los debe sufrir, y quedarse en la indignación del hacer y declarar de esos invisibles -a los que no voto- en contra de usted. Ellos le digan a usted -la víctima de ellos- que es un mentiroso o lo que le paso, le paso por no estar capacitado.

La indignación o el asombro que provoca esto, es una mirada desde el lado de los derechos, de las normas, de lo formal que dice que estas cosas no deben suceder, ahora, cuando va ganando el miedo, el temor, la inseguridad ya es una mirada desde la otra orilla, que da a entender que lo que no puede ser, es, pero lo peor, seguirá siendo porque no hay nada ni nadie que haga algo para contrarrestarlo o sea, la victoria de este lado por sobre el otro.

Una orilla se imponga, no hay un equilibrio, entre la formal y la real una se imponga por sobre la otra, la formal está representada por las leyes, normas, derechos e imágenes que insisten con la gobernabilidad, pero una realidad bulle, y aunque se la oculte y tergiverse desde el decir de la otra orilla cuando se producen barbaridades como decir de "estar ante casos aislados o mala capacitación de las fuerzas intervinientes", la lista siga con sujetos que matan a sus parejas por acciones pasionales pero "no por el arma que la fuerza les otorgó", con las coimas a planas de jerarquías, las demoras en cárceles o en liberar zonas algo vinculado con delitos, en abusos varios como demorar por portar cara, en provocar golpizas, ¿porque ellos golpean como práctica aceptada?, o la cobardía de fondo de tales sujetos, que nos dice que si o si el imperio del derecho no existe, ¿usted cree que de existir como tal y no como declaración, eso existiría?

Le puedo adelantar cosas, primero indignación, que pertenece el lado de lo formal, después el miedo, el lado de lo real y después, ¡el sálvese quien pueda! o el reconocimiento que usted pertenece al eslabón más débil de la cadena e indefenso como tal.

Juan Oviedo, pensador local

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