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Miércoles, 29 de Enero Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, filósofo y profesor geselino

Servicios y explotación costera

Una necesidad y una promesa fácilmente pueden vincularse, porque una persona llevada por esa necesidad, hace de cualquier actividad una promesa para mitigar la misma, como es el trabajo forzado, algo por el cual no se pueda eludir, así, realizar un trabajo en contra de su voluntad los fuerce a trabajar de cualquier forma, ¿ejemplos? el trabajo rural en situaciones de explotación siempre sea una constante, la zafra lanera de la Patagonia, la zona de siembra de cebolla en localidades del extremo sur de Buenos Aires, la caña de azúcar en Tucumán y el algodón en Chaco, el padecer en Mendoza de los trabajadores del ajo, talleres clandestinos, y los empleos en la costa bonaerense en temporada.

Si usted está en negro, si su trabajo temporario no es respetado, si su sueldo establecido no se cumple, si trabaja más de lo convenido, si es obligado a firmar su renuncia para empezar a trabajar, si le pagan muy poco y lo obligan a trabajar muchas horas con poco descanso, si siempre esta debiendo dinero a sus jefes o patrones, por pasajes, comida o vivienda, si le quitan su DNI, pasaporte o papeles o si vive en el mismo lugar en el que trabaja y en muy malas condiciones o no le permiten salir de su lugar de trabajo, todos ellos son indicadores de explotación laboral y todo eso soportado por su necesidad material de fondo.

En una sociedad de servicios como lo son los balnearios costeros, usted no puede elegir porque ha nacido en una determinada franja social y la misma le expresa su condición de dueño, patrón o mano de obra empleada, no nos engañemos, no estamos ante una división de tareas sino de clase por el cual una sea pasible de explotación y la otra explotadora.
Porque usted ni nadie quiere ser explotado, usted no va a trabajar porque así lo quiera, sino por ser forzado al pertenecer a una clase bajo el permanente perfil de la necesidad, donde siempre faltan cosas y nunca el dinero es suficiente, eso lo convierte en mano de obra necesitada y barata, ¿la promesa?, poder palear en parte esa necesidad estructural de clase y ahí este el germen de toda explotación, el no poder decir NO ante una necesidad naturalizada.

Ahora bien, uno se puede quedar en la legislación que prohíbe todo tipo de abusos y de explotación o por otro lado, considerar a las condiciones paupérrimas materiales de los explotados como actos de ineficiencia de la clase política para resolver tales condiciones calamitosas, sin embargo, podemos señalar algo más alarmante aun, si los ejecutivos de los balnearios costeros alientan el éxito de la temporada y del empleo temporario para soliviar la recesión invernal, se los interprete cómplices de esta forma de concebir el trabajo explotador y de ineficientes a la hora de lograr inversiones y creación de genuinos empleos en lugares de parálisis invernal.

Porque si o si la explotación en la temporada es una realidad en la costa, la temporada es explotación y si se vive, piensa para ella, entonces, se alienta también la explotación cuando la política de los ejecutivos locales buscan posicionar su municipio en condición ventajosa ante su otro competidor. La clase política en su totalidad por quedar conceptualmente satelizada en la temporada, es cómplice de la explotación regional e insistimos, si no nos quedamos en la legislación es porque la misma los exima de su complicidad y jugar a la doble vara de condenar y alentarlo también.

¡Qué inconveniente, justo ahora en temporada!.......
Juan Oviedo, filósofo y profesor geselino

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