La representación geselina fue muy nutrida, con más de doscientos participantes entre niños y abuelos. Más allá de los resultados finales, esta cantidad de participantes habla muy bien de la estructura deportiva y cultural de Villa Gesell.
Y sin embargo, fue una semana complicada. ¿Por qué? El alojamiento de la delegación no estaba previsto. No se sabe bien el motivo, dinero, organización, más de dos centenares de deportistas no tenían donde pernoctar. Incluso el domingo, primer día de los juegos, la delegación viajó, participó de la apertura y volvió.
El lunes, las delegaciones compitieron y luego debieron esperar hasta última hora de la tarde para encontrar alojamiento, que en muchos casos no llegó a un nivel mínimo de habitabilidad, al punto que algunos abuelos regresaron a la ciudad, y muchos deportistas estuvieron a punto de hacerlo.
¿Con que necesidad pasaron por esta penosa situación? ¿No se puede ser un poco más previsor? Un papelón realmente innecesario.
Manuel Zaldivar - Periodista - Tec. en Comunicación Social
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Comenzó la temporada, y los pronósticos no son los mejores. Hay un marcado temor a que la afluencia de público no llegue a los niveles necesarios para el éxito de la ciudad en general y de los oferentes de servicios en particular. En donde se dan los mayores temores es en el marcado de alquileres, donde aún quedan muchas vacantes.
Más allá de la realidad de una temporada marcada por la crisis, podemos decir que hay muchas razones locales para esta situación. Primero: la oferta crece constantemente. En los años en los que crece la demanda, esto no es problema. En un año como este, donde la máxima expectativa es alcanzar los niveles de la temporada anterior, se genera el problema de sobreoferta. Quienes deben amortizar una obra ofrecen precios bajos a fin de lograr una clientela, por departamentos, casas o cabañas a estrenar. Así, mucha gente que mantiene en oferta propiedades más antiguas pierde competitividad.
También existe un numeroso lote de propietarios que ofrecen casas de pésima calidad, mal mantenidas y sin servicios. Este tipo de gente genera que muchas personas se lleven una mala impresión de la ciudad, y son los más ruidosos en la queja al no tener clientes.
En resumen, la demanda puede caer, pero quienes no mejorar su oferta se están buscando la ruina, y cuando llegan, no comprenden por qué.