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Miércoles, 12 de Agosto Villa Gesell

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MATEMOS A LOS CERDOS (VIEJOS)

«A través de esta guerra (los jóvenes) entendieron de una manera íntima, dolorosa, que todo viejo es el futuro de algún joven. ¡De ellos mismos, tal vez! (…) matar a un viejo equivale a suicidarse» - (p. 180). Diario de la guerra del cerdo de Adolfo Bioy Casares

No me referiré al tema económico critico de robo a gente de edad ni a los problemas de las que es otro motor la búsqueda de dinero para conseguir las sustancias (pensemos que por la devaluación y la escasez de estupefacientes cada gramo de cocaína vale alrededor de $1.500). Tampoco me voy a referir al fenómeno de las “barras bravas” que hoy sin trabajo en los clubes por la cuarentena apelan a otros medios.

Me pregunto que le hemos dado como generación a los jóvenes. La venganza clama por un odio generacional. Escuelas fallidas con huelgas desde añares, en el AMBA la falta de concurrencia es notoria, la escasez de trabajo, la perdida de la cultura del trabajo como valor social y la des-familiarizaciòn como un hecho ya asentado en nuestra comunidad como una “reingeniería social a la Argentina” que trae sus consecuencias.

Hoy hablar de familia es casi un antivalor cuando sabemos que es la red que proporciona amor incondicional, valores y normas claves en la socialización. De estas nociones faltantes abrevan los cuadros tan actuales de personalidades antisociales (amor al daño y sin remordimientos ni culpa).

Nuestro país de inmigrantes se realizó bajo la máxima de Florencio Sánchez “Mi hijo el doctor”. Esto fue un sostén de ascenso social y de una cultura del esfuerzo.

En barriadas criticas (incluso de zonas de countries) la manada triunfa y el abuso violento es vivido sin remordimientos y de mi “Hijo el Doctor” de Florencio Sánchez pasamos a la “omerta” del silencio mafioso con protección de personas poderosas ya que son un grupo multi-tareas para otras acciones delictivas.

LA VEJEZ

Bioy Casares también describe en su época como al futuro viejo le costaba aceptar las canas y apelaba a tinturas para disimular el paso del tiempo .Así se transformaba casi en una caricatura de sí mismo .La observación la tomó en un bar tomando un café y vio a un hombre que intentaba ocultar lo inocultable y nos dice “ se me ocurrió una tarde de 1966 en la confitería El Molino, mientras veía a una persona con el pelo teñido para disimular las canas…comprendí que la vejez es un problema sentido por todo el mundo como algo trágico y me senté a escribir la novela”.

Hoy se asombraría de las distintas operaciones que tratan de ocultar las arrugas y las agigantan con rostros acerados y duros. ¿Dónde quedó la vejez como señal de sabiduría? ¿Hemos perdido los viejos la capacidad de transmisión y tutela?

LA QUIEBRA GENERACIONAL

La quiebra generacional parece notable y eso recuerda al gran Massimo Recalcatti sabio en psicoanálisis en su libro “El Complejo de Telémaco” donde èste como hijo del Personaje central de la Odisea esperaba que volviera el Padre para poner orden en la Aldea y en su casa.

Esto nos enseña Recalcatti es el drama de hoy: hijos sin padres, abandonados, des-escolarizados o con una escuela vacía de contenidos, sujetos a la manipulación de las drogas o de la publicidad. Esto trae consecuencias. Telémaco refleja en la novela griega la necesidad de una Ley que transmite fundamentalmente en la aldea y en la Familia.

En 15 días en la novela había que matar a los viejos, dice Bioy, y así vemos cómo los viejos son víctimas de la violencia y la arrogancia de los jóvenes: se ve ya en el primer capítulo, cuando un grupo de jóvenes mata al diariero don Manuel sin ningún tipo de razón (como si pudiera haber razones cuando se trata de matar a alguien).

La violencia se extiende a lo largo de toda la novela, y así somos testigos de distintos ataques, persecuciones y asesinatos, siempre de los jóvenes contra los viejos, los cuales se debaten entre los deseos de continuar su vida normal, la indignación y el miedo.

Pero Bioy habla del drama del viejo en esta sociedad que por un lado no lo reconoce ni siquiera en su generación se armaron los más grandes adelantos tecnológicos, frutos de la educación del esfuerzo; pero quizás hemos fallado en la transmisión de la Palabra y la Ley base para los griegos de diferencia con la Barbarie.

LA ESTIMAGTIZACION DEL VIEJO

Los viejos parecen sobrar. Muchos economistas dicen que los números no dan para los fondos de pensiones y que los gastos médicos son muy altos, la eutanasia en países supuestamente desarrollados se basa en estas premisas. Como dice Bioy “la vejez es el lugar de lo repugnante, de lo desvaído y de la muerte”.

En este contexto dice el autor que muchos viejos odian la vejez y se exponen a vejaciones e incluso sin hijos o protectores ellos también sienten que sobran.

Con sabiduría dice: “si la muerte hoy no llega a los cincuenta sino a los ochenta años, y que mañana vendrá a los cien. Perfectamente. (…) Se acabó la dictadura del proletariado, para dar paso a la dictadura de los viejos”. Pero también los jóvenes “matan a los viejos que no quieren ser.

Sugestivamente narra la historia de un jubilado Isidoro Morel (tema tan actual hoy) que teme a la vejez y al horror de la violencia de los jóvenes ante su fragilidad que permitió a aquellos nacieron entre los 40 y los 50 la creación-como dijimos antes- de la inmensa tecnología en materia astronómica, física, química, informática, transporte, cultura, etc., etc., ha sido la base de lo que hoy llamamos el milagro del posmodernismo.

Pero la transmisión intergeneracional de la tradición de la Palabra y la Ley ha fallado y la Barbarie parece reinar.

EL TRIUNFO DEL AMOR

Trabajo en mi tarea clínica con los que llamo post-50 , heridos por las drogas; pero están abandonados. Con remordimientos, pero abandonados. Si es solo el lema social “guardemos a los viejos” perdimos la base vincular y poética del amor que parece faltar.

La pandemia expuso la población del abuelo solo, el jubilado, los viejos así a secas. La pandemia de expuso en el centro de la escena a aquellos a los que los periodistas sin mucho criterio solemos denominar jubilados, abuelos y que una parte de la sociedad llama viejos, así a secas. Tienen miedo de salir, de ir al banco. Nos “quieren muerto “me dijo un paciente.

La tecnocracia distingue entre activos y pasivos y entonces surgen rápido las estigmatizaciones y más en una sociedad que hace del espejo de la juventud un valor supremo. La estigmatización es la señal de lo indeseable.
El final de la historia de Bioy es que consigue una mujer que se enamora de él. Siempre el Amor triunfa. No es un ser despreciable y a exterminar es amable.
Dr. Juan Alberto Yaría, especialista en drogadependencia

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