Sabemos a la velocidad que ascienden los autos por esta "semi autopista" y, lo peligroso que supone ser esto para los transeúntes y otros automóviles. El Boulevard se ha transformado, sin quererlo ni pedirlo, en una vía rápida para llegar de una punta a la otra de la ciudad en solo 5 minutos.
¿Cómo actuó la comuna?, implementando los reductores de velocidad para generar automáticamente una disminución de riesgos. Lo potencial ya no es tanto, y ojalá pongan muchos reductores más. La idea, parece ser, es que el Boulevard vuelva a ser una calle poco peligrosa en materia de seguridad vial.
Están los que dicen que el auto se rompe. La realidad es que
nuestra sociedad está bastante mal acostumbrada y sólo "hablando" a veces no alcanza porque no entendemos. En estos casos no queda otra que ser rigurosos, y cortar por lo sano. La implementación de los lomos de burro de senda ancha puede amortiguar un poco el pensamiento de los que creen que por pasar un lomo de burro dejan medio auto en él.
Ahora también se está trabajando con las plazoletas. Primero se cortó el césped para dejarlas prolijas y hace unas semanas se están realizando tareas sobre las veredas y en los extremos de las mismas. La implementación de los caminos en las esquinas le dan a la un plus que no tiene ninguna cuadra y a la vista es agradable ya que le quita la robustez que usualmente tiene esta avenida.
Aunque algunos critiquen, aunque haya a quienes no les gusten como queda, lo cierto es que las obras sobre el Boulevard supone un mejoramiento integral de la urbanización local. Desde el punto de vista de lo estético mejora mucho la imagen que teníamos de esta avenida y pretende generar de a poco un polo diferente, con otros atractivos.
Si todos los vecinos aledaños al Boulevard ayudaran, por ejemplo sacando la basura en horario así los perros no rompen y desparraman la misma, además de mantenerla en orden y en condiciones tendríamos una importante avenida local renovada en poco tiempo. Ojalá se cumpla.
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Comenzó la temporada, y los pronósticos no son los mejores. Hay un marcado temor a que la afluencia de público no llegue a los niveles necesarios para el éxito de la ciudad en general y de los oferentes de servicios en particular. En donde se dan los mayores temores es en el marcado de alquileres, donde aún quedan muchas vacantes.
Más allá de la realidad de una temporada marcada por la crisis, podemos decir que hay muchas razones locales para esta situación. Primero: la oferta crece constantemente. En los años en los que crece la demanda, esto no es problema. En un año como este, donde la máxima expectativa es alcanzar los niveles de la temporada anterior, se genera el problema de sobreoferta. Quienes deben amortizar una obra ofrecen precios bajos a fin de lograr una clientela, por departamentos, casas o cabañas a estrenar. Así, mucha gente que mantiene en oferta propiedades más antiguas pierde competitividad.
También existe un numeroso lote de propietarios que ofrecen casas de pésima calidad, mal mantenidas y sin servicios. Este tipo de gente genera que muchas personas se lleven una mala impresión de la ciudad, y son los más ruidosos en la queja al no tener clientes.
En resumen, la demanda puede caer, pero quienes no mejorar su oferta se están buscando la ruina, y cuando llegan, no comprenden por qué.