La idea del Ministerio de Trabajo era "desmenuzar el conflicto" e intentar alcanzar acuerdos desde lo más simple a lo más complejo, esto último referido al CCT que se utiliza para liquidar salarios, las condiciones laborales y la aplicación de la Ley de Guardavidas. Pero la cámara endureció su postura y obligó a que el gremio siga el mismo camino.
La relación entre los guardavidas privados y la Cámara de Concesionarios de Playa está en un momento límite y de extrema tensión. Es que, las partes no ceden a los pedidos, endurecen las posturas y dejan a la playa geselina al borde del colapso.
La última audiencia en el Ministerio de Trabajo bonaerense fue el punto de inflexión en las conversaciones. No porque haya cambiado el rumbo de conflicto sino porque terminó de "enterrar" las posibilidades de arreglo (mínimas, pero reales) que había entre las partes involucradas: por un lado, la UNION, con todo el apoyo de la masa trabajadora de fondo y el reclamo latente, y por el otro la Cámara de Concesionarios de Playa, con las empresas decididas a no dar un paso a atrás.
La última carta entre las partes se jugó esta semana, y fue elemento definitivo para entender lo que puede venir de ahora en más. La idea del Ministerio de Trabajo era "desmenuzar el conflicto" e intentar alcanzar acuerdos desde lo más simple a lo más complejo, esto último referido al CCT que se utiliza para liquidar salarios, las condiciones laborales y la aplicación de la Ley de Guardavidas.
Pero luego de una semana de dialogo informal las cosas se complicaron. Había, en principio, cierto concenso para avanzar con tres puntos que podían liberar algo de tensión en el conflicto y que eran solicitados por la UNION: la bancarización de todos los agentes de playa (algo que la ley establece), la entrega de elementos de trabajo (aunque suena cómico, el gremio se quejó porque no le habían otorgado ni siquiera protectores solares) y la implementación de dos turnos de 6 horas por día, dejando de lado el armado de jornada variable que hasta hoy se sigue implementando en muchas ocasiones (por ejemplo, que un agente trabaje 8 horas y se busque un franquero para el resto de la jornada).
Por el lado de los balnearios, y mientras se continuaba dialogando, se hablaba de firmar un compromiso por las siempre comprometedoras manifestaciones del gremio en plena playa local, ante la mirada de los turistas que, en teoría, vienen a descansar.
Todos estaban expectantes a lo que podría suceder. Pero, lejos de acceder al pedido básico de tres puntos, la cámara endureció su postura y el gremio tampoco se quedó atrás.
¿Y ahora qué? Ahora, la cartera laboral debe determinar si acepta la declinación de instancia en el marco de un conflicto colectivo y si definen convocar a nueva audiencia de conciliación, esta vez con la participación de funcionarios del área de Negociación Colectiva de La Plata. En este caso, ya se habla de otro rango de conflicto, teniendo en cuenta que por lo general esos funcionarios no "bajan a territorio" para asumir un problema laboral que podría solucionar la delegación regional.
En el medio, el gremio presentó una catarata de pedidos de inspección que deberían de llevarse a cabo en las próximas semanas. Si los inspectores bajan a la playa, podría significar el visto bueno del Ministerio de Trabajo hacia el gremio. Pero, si esas verificaciones en el lugar no se realizan, las partes podrían asumir que nada es seguro en las conversaciones.