La gente consume poco y para colmo, los precios están por las nubes. Crónica de un verano gasolero que no le sirve ni al vendedor ambulante. Leelo!
No hay nada que hacerle. Esta temporada, la 2024, es y será gasolera definitivamente. Lo decían los gastrómicos durante el fin de año ante la falta de pedido de mesas por las fiestas, los hoteleros al percibir una baja importante en la consulta y reserva de habitaciones y ahora, se le sumaron los vendedores ambulantes, quienes manifiestan preocupación por la venta en baja en playa.
Las cosas son así: tradicionalmente, un vendedor ambulanbte vendía, en promedio, unas 10 a 15 docenas de churros. Con la ganancia, podían pagar una habitació, comer el día y guardar alguna plata. Pero el consumo en playa de este verano bajó muchísimo y eso preocupa porque entonces estamos ante otro rubro al que "no le da" la ganancia del verano.
SECTOR INFORMATIVO dialogó con varios vendedores ambulantes: de choclos, de chipa, de los tradicionales churros y todos coincidieron que la venta bajó a la mitad con relación al año pasado. Uno de ellos es Pablo, oriundo de Santiago del Estero, quien analiza seriamente "colgar" el canasto y volverse a su Santiago natal. "No pago los gasto del día con lo que vendo, y a veces hago varias pasadas. No me sirve", indicó.
Las cosas no están fáciles para nadie: una docena de churros casi 6 mil pesos, una rosca de chipa diminuta casi 2000 pesos, un choclo otros 4000 pesos, todos números que en el bolsillo de la gente -con el contexto económico actual- no se soporta.
Consumir en la playa se ha convertido en un verdadero lujo. Pedir unos churros para los mates o pasar el mediodía con algún choclo convierten al comprador en parte de "la casta" tantas veces denunciada por los libertarios. Parece que, finalmente, el slogan "no hay plata" era cierto.