Viernes, 06 de Noviembre Villa Gesell

Inseguridad galopante

Sábado, 22 de Junio del 2024

El drama del delito en Gesell. ¿Ya nos acostumbramos a la inseguridad de todos los días?

La estrategia de seguridad está agotada y en piloto automático. La inseguridad, lamentablemente, ya está sentada en tu mesa y llegó para quedarse.

Que a Villa Gesell no le está yendo bien en materia de seguridad no es ninguna novedad. La cosa está tan pero tan complicada que hasta podemos afirmar que se está cumpliendo la peor profecía para la ciudad: nos estamos acostumbrando a vivir así, con inseguridad, delitos e inacción policial y gubernamental. Así como si uno no quisiera la cosa, el delito se fue metiendo entre nosotros: primero fue algún robo, luego algo más intenso con varios robos semanales hasta que -sin pedirlo, quererlo ni merecerlo- convivimos con la delincuencia diaria tal como si fuera parte de la familia que se sienta en nuestra mesa y nos da las buenas noches cada final de día.

Y la culpa tiene nombre y apellido: primero la policía bonaerense, fuerza que nunca logró domar a la inseguridad. Dicen que les faltan móviles, que no tienen personal, si no es el combustible de las patrullas es..... "algo". Siempre hay alguna excusa. Luego, una parte importante de la responsabilidad recae sobre el Gobierno del intendente Gustavo Barrera y su estrategia gubernamental sobre el flagelo del delito. Le guste a quien le guste, las cosas no fueron bien planteadas y hoy -mal encaminadas- continúan en piloto automático por ese camino errado. No es una interpretación de esta mesa de redacción sino un "mirar lo que pasa en la ciudad todos los días".

Recordemos las medidas: 350 cámaras de seguridad en el Centro de Monitoreo con ojos puestos en todo el territorio. Al final no era tan así: robaron en pleno boulevard y 115 y nadie se dio cuenta, "reventaron" un auto en paseo 121 y avenida 8 y las dos cámaras de la zona no funcionaban. Ni que hablar si pasa algo en un barrio más allá del centro comercial. Al final, la estrategia de la cámaras no eran tan buena.

Luego tenemos la seguridad preventiva "extra-muro", es decir, más allá del limite de la ruta. Qué decir de esto: las garitas de acceso (amén que se caen a pedazos y esa es una cara de presentación turística) no tienen personal alguno por lo que podrían ingresar con un elefante de circo caminando y nadie lo notaria.

El secretario de Seguridad, Mauricio Andersen (con quien esta redacción no tiene absolutamente ningún conflicto y sobre quien querríamos que vaya mejor en su trabajo municipal para lo cual fue designado), pero la verdad es que no ha logrado cambios positivos al momento que "las papas queman": hoy Barrera lo sostiene como si se tratara de un funcionario escencial pero a las claras no ha dado un vuelco en los hechos: se siguen robando absolutamente todo y no parece vislumbrarse un cambio.

Los agentes de la Dirección de Seguridad (la guardia urbana) hacen lo que pueden: no llevan armas y tienen una tarea preventiva de patrullaje. Si ven algo pueden avisar a la policía, no mucho más.

También están los operativos en vía pública: son tan pero tan evidentes que hasta los ladrones saben por dónde no circular: bouelvard y paseo 118, boulevard entre paseo 106 y 107, avenida circunvalación y paseo 123, avenida 3 y paseo 132, avenida circunvalación y paseo 172 y también avenida 3 y paseo 172, siempre en lo mismo... ¿realmente creen que con eso se sorprende al delincuente?

Después está la policía bonaerense. Los medios de comunicación todavía estamos esperando los datos oficiales: cuántas patrullas funcionan para recorrer la ciudad y cuántos agentes están hoy activos. Es decir, con qué capital humano y herramientas cuenta hoy la fuerza de seguridad que nos debe proteger en Villa Gesell. ¿Alcanza?

La estrategia de seguridad, así como está hoy, está obsoleta, agotada, en piloto automático. Si las cosas no cambian vamos a llegar al punto de que nos acostumbramos a vivir con la seguridad. Como si fuera un vecino, un amigo, o un compañero de trabajo: está ahí, de vez en cuando lo saludamos o cruzamos alguna palabra. Pero sin quererlo ni pensarlo -querido vecino- la inseguridad cada vez está más naturalizada con nosotros los ciudadanos.

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