La celebración tuvo gran cantidad de vecinos y algo de turismo pero no convenció. El peligro que se genere otra fiesta "solo para residentes" como pasa con La Criolla.
La edición 2026 de las Pascuas en el Bosque dejó un sabor medio amargo, como cuando se come un huevo de pascuas confeccionado con un chocolate 70% cacao. Es que, la celebración del pinar tuvo concurrencia pero, a medir por los comentarios, cada vez menos. Eso, empañó el evento.
No lo decimos nosotros (a quienes seguro tildarán de opositores al Gobierno local), lo dicen los propios oferentes: artesanos, foodtrucks y comentarios de quienes acudieron al predio histórico y que no vieron gente como en otras oportunidades.
Tal vez el clima de la primera jornada, la economía nacional y el ajuste de los bolsillos trajo consecuencias. Tal vez la celebración ya no cautiva como antes. Vaya uno a saber. Lo cierto es que las Pascuas en el Bosque están ante un dilema: cómo hacer para que la fiesta no decaiga y edición tras edición pierda encanto.
La idea es buena, con el bosque y la playa en cercanías de la celebración. Lo que parece suceder es que, el evento ya está en modo automático y así se transformará en una fiesta que no tiene nada nuevo. Eso, con tantas propuestas en ciudades turísticas representa un verdadero peligro.