Las vacaciones de invierno no terminan de convencer. El sol y el calor, la única variable posible.
Con un caudal de visitantes muy moderado, las vacaciones de invierno geselinas dejaron el resultado previsto por todos desde hace meses, como si se tratara de un "dejavu": el receso invernal no logra romper la estacionalidad del verano y obliga a apostar nuevamente por un verano que nadie sabe cómo vendrá.
Esto transforma a Villa Gesell es una expectativa constante: no se puede diagramar una estrategia anual y las fiestas de temporada baja no cumplen....¿Se trata de una cuestión monetaria o falta de atractivos para el visitante?
Por ejemplo, el Invierno Medieval tiene color, actividades y otorga lo que promete: una experiencia del medio evo en medio del bosque geselino. En las palabras y propuestas del inconciente colectivo es algo grandioso. Así viene desde hace años y, para ser honestos, es una linda fiesta. Pero no logra romper con la variable de "celebración de pueblo" con pocas cosas nuevas que hacer. Eso, el turismo lo siente, lo sabe y parece evitarlo.
Villa Gesell no logra despegarse del sol y el mar. Nos guste o no, parece que debemos estar más concentrados en "estirar la temporada de verano" que en apostar al invierno de baja temperatura.
Muchos se acuerdan de la ciudad en la que, la pretemporada era central. Octubre arrancaba con la Fiesta de la Diversidad Cultural y de a poco se iba acercando a diciembre. Ya el último mes del año era fuerte y enero, febrero y marzo, de mucho caudal.
Atado al "sol y mar", el destino tiene que definirse en base a sus posibilidades ciertas. Asumir que no podemos ofrecer nada más que playa, sol y mar, siguiendo las premisas de una "villa turística de verano" e intentar extender ese periodo mientras el clima ayude o, por el contrario, insistir con romper la estacionalidad. Es una decisión que debemos tomar. El tema, estimado lector, es que los fracasos o resultados adversos no nos debiliten.