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Miércoles, 23 de Septiembre Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, profesor de filosofía

21 de setiembre

"Día del estudiante", la formalidad educativa festeja el 21 de setiembre -en el universo entero- al día de los jóvenes estudiantes, así, picnics, reuniones, primavera, jolgorio, "todo se encadene" para hacer festivo tal fecha.

Siguiendo con la formalidad -el estudiante- lo sea por pertenecer a un sistema educativo que lo obliga a ciertas pautas, así, primero instituido, para ser después instituyente y por último, pertenecer a la institución de la escuela. Pero ¿solo es eso, no hay nada más profundo y trascendental en tal etapa de los jóvenes?, si, no busque más, porque no hay nada de eso, desde el formalismo que los determina.

La pregunta posicione la sospecha y ésta, otra nueva pregunta, ¿habría otra forma de entender al estudiante?, si, ¿cuál?, si éste crea o hace devenir al profesor. En el sistema formal el profesor -es independiente a todo contexto áulico-, "es profesor más allá de él", pero no es lo mismo con el estudiante, su condición de tal -es el asistir a la escuela-, y desde este punto de vista, "es el profesor" quien le otorgue ontología al joven, cuando ambos cumplen a rajatabla con la digitación del sistema - contenidos, aprobarlos y pasar de año- y así, hasta la próxima cursada.

En este estado de cosas, un viejo axioma -no tiene vigencia-, y es el que dice "cuando el discípulo aparece, solo entonces, el maestro emerge", el aparecer de uno implique el emerger del otro. Y aquí -ya sea al revés-, el discípulo, el joven, el estudiante hace posible al profesor, no hay enseñanza de nada, ni saber ni contenidos, "algo así como el tercer mundo de Popper", si antes, no hay una disposición creadora a saber, indagar, cuestionar a lo que le rodea por parte de aquel -que quieres descubrir-. Tal luz interior proyecte "un puente holográfico" a la otra orilla donde mora el profesor.

Entonces, aquí ¡sea el estudiante quien hace al profesor!, cuando lo escucha, discierne, está atento, lo cuestiona y vive el espacio de lo áulico -como un espacio de vivencia- algo que no encuentre en otro lugar.

El sentido cabal de todo educar es "si o si" el surgir en ambos lados de la orilla -un humanismo básico- entre uno y otro, porque el humanismo "no son los contenidos" sino un principio opuesto "a la cosificación de todo joven alumno" como víctima al consumo propuesto como educación -por los contenidos en sí-, y sin trato, sin sentido, ni respeto, sin dignidad alguna porque en tal sistema, no son posibles las dignidades.

"La dignidad del alumno", ¿ellos se sientes dignos "de ser alumnos" o se sienten víctimas?, ser digno de algo -es respetarse por ser tal-, valorarse, asumirse en base a cada sí mismo, como lo que se es: "estudiante".

El fracaso de todo los sistemas escolares y educativos, es cuando el joven, no se siente digno de la condición de ser un estudiante y por el contrario, presume por ir al colegio privado "más caro" de su entorno y de los diez que ha sacado etc.

Pero la dignidad del estudiante (que no son muchos) se patentiza por "crear al profesor", entonces, el viejo adagio hacerse vigente, "solo cuando el discípulo está listo, puede el maestro emerger".
Y algunos de ellos, "hubieron, hay y habrán" -por suerte- en el pueblo.
Juan Oviedo, profesor de filosofía

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