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Jueves, 26 de Noviembre Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, profesor de filosofía

Oposición

Siempre es interesante "el papel" de una oposición -derrotada electoralmente- por como ella desde esa condición -deberá operar-.


En primer lugar, es preciso ver "su caudal político" para ejercer esa función como debe ejercerse, ya sea -la de acompañar u oponerse- pero "jamás impedir" por medios coercitivos, destituyentes o contradecir permanente al oficialismo ganador porque "eso" nos revele que su base política "se ha esfumando".


Como -proyecto político derrotado- su actividad es posicionar nuevas fuerzas vinculadas "a la realidad del país" y no tirando bombas en ciego obstáculo "al gobierno de turno", porque la oposición -no es gestora de poder- sino que debe lograr ese poder.


"La cuantificación electoralista" determine el éxito en las cámaras y en los H.C.D de cada partido en todo el país, eso en primer lugar atente -en contra del poder- para torcer voluntades oficiales a través del voto opositor, donde las cosas se resuelven ¡por la cantidad!


Algo que ella -como oposición no posee-, pero "si tiene ese caudal político", entonces, rompa el triste lazo cuantificador -ese que la derrota siempre- y adquiera presencia en el colectivo desde propuestas "y no" -desde irracionalidades antagonistas-


El espíritu opuesto "no debe quedar satelizado" con un accionar confrontativo porque no hablamos de polaridades -respecto al sentido de las agendas a implementar- en la política del país, no se trata de "blanco o negro", ni se trata de "ellos o nosotros", donde el más interesante hecho opositor consista a que ¡el oficialismo! construya -una agenda en contra de todo opositor-, y no solo gobierne sino que se encargue de "luchar, denostar, combatir a la oposición" y ser ¡la oposición de la oposición!


Una paradoja queda instalada "que la oposición" fue tal por el sentido legitimador de la cantidad, sin embargo, cuando "el gobierno oficialista" se encarga de ella -con su argumento de cabecera-, "lo que ellos en el pasado como gobierno hicieron", posicione de nuevo lo político, algo que la cantidad -defenestró-.


-La oposición de la oposición-, no hace más que oficializar "la espada de Damocles" en el reino de la cuantificación y mantiene latente el viejo axioma: "el que a hierro mata a hierro muere".

Juan Oviedo, profesor de filosofía

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