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Miércoles, 12 de Mayo Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, profesor de filosofía geselino

Sancho

"Los cacerolazos" como -expresión de repudio- a la medidas anunciadas por el Presidente Fernández pueden tener diferentes lecturas, y entre una de ellas "será la siguiente" que plantearemos.


Las prescripciones -puede creerse- que ellos "los caceroleros" fueron los directos depositarios de las mismas, pero no es así, sino que ponen en la palestra a quienes sufren de hecho del covid-19 y las otras cepas ya sea contagiados, personal médico e instituciones hospitalarias como una realidad difícil de controlar.


El repudio de fondo es que -las medidas adoptadas-, les pone frente a los ojos una realidad que ¡si o si! les obliga a participar, y por ello es que "el decir del cacerolazo" implique el siguiente, "mire, no me ponga en donde no quiero estar", todo lo otro libertades, clases, derechos etc., es mero retorismo -por vulgarizar valores- al sujetarlos a las propias conveniencias.


El cacerolazo e inicialmente entendido como negador -en el fondo- parte de un doble reconocimiento, primero, del contrato social (los berrinches hacia el presidente señalando que vivirán según el propio pensar, estar y decidir etc.) en tácito vincular y segundo, que la pandemia no es algo que le sucede a otros, y  los obligue a actuar conforme a su presencia, ¿la paradoja?, que la negación que intentan instalar surge de un reconocimiento de la pandemia como tal.


Y base -ínsita- en el férreo oponer a las medidas "propiciadas por el gobierno".


Entonces, debemos entender que "los caceroleros" utilizan a la negación, y desde ahí, construyan un caleidoscopio de mensajes, imágenes, sentidos e íconos, todos divulgados y  y alentados por lo mediático, posicionen -un pseudo resistir-, porque se trata de sujetos funcionales "a los intereses políticos" de los vencidos en las últimas elecciones y pomposamente llamada "oposición". Y si señalamos -pomposamente llamada oposición-, lo fue por dos aspectos, primero, no poseen un proyecto político vigente para el grueso de la población-, y segundo, ¡no fueron reelegidos!. 


El modelo donde se miran "los  caceroleros" no son negacionistas, pues la atención -de los derrotados- son las medidas presidenciales a las que sistemáticamente se contraponen, como única realidad a la que pueden aspirar. 


Pues la aventura por afianzarse "del inicial partido de la ciudad capital", lo logro al expandirse electoralmente -por usar- las "ruinas partidarias" de un radicalismo sumiso -al que satelizó- con una sentencia "aun no objetivada" por el propio partido, que jamás volverá a ser "cabal alternativa" a futuros gobiernos, porque ¡no se trata de un Rey devenido a cortesano, sino de un devaluado y mero cipayo! con la estafa que significa legislar, hablar y cobrar un sueldo bajo su nombre -como si fuera vigente- como fuerza política.


Ahora, son estos derrotados -posicionados por los caceroleros- o por el contrario "los caceroleros",¿ posicionados por aquellos?, sea como sea ambos compartan la metodología -del oponerse- a través de las falsas noticias, los bullicios, insultar, denigrar. pero lejos de otorgar "un significado" por tratarse de meros significantes frente a una realidad -que se les escapa- porque unos y otros "son los vencidos" y no pueden controlar, dominar o mero participar, ante la gran desenmascaradora de todos: la pandemia.


Que los muestra -a unos y otros- representantes de las letras del famoso tango, "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser " ¡o el ladrido de los vencidos!.


 

Juan Oviedo, profesor de filosofía geselino

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