Jueves, 30 de Abril Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo

La utilidad de lo simbólico en Gesell

Una ciudad “carga” con responsabilidades, necesidades para con ella y para ello necesita del colectivo que se –nutre- para poder funcionar, obligaciones que toda estructura urbana experimenta en su diaria actividad, así, comercio, trámites, instituciones, tránsito, trabajo etc. se transforme en una contingencia para sus habitantes pautando comportamientos o sea, la realidad se presenta al colectivo de la ciudad con una carga de hechos y sucesos, asumiendo a la ciudad como el escenario “vital” de sus realidades, pero estamos ante un trasfondo posicionado por los compromisos que posee la ciudad para consigo misma. Dicho esto, considere a sus habitantes que viven, entiendan y pivoten sus vidas como parte inalienables de tales compromisos y necesidades de la ciudad ¿y qué significa esto?, que ellos queden atrapados en esa realidad que los destina a ser parte de un “engranaje” contingente, por el cual la ciudad -se torne- en una fuente “alienante” para sus propios pobladores, a –ser- lo que "no son", “ser” meras entidades funcionales a una racionalidad instrumental de objetivos e intereses comerciales, financieros, municipales etc.
Entonces, usted piense que será pertinente romper con “esa” forma de ver y entender a la ciudad y para ello, considere el papel y la importancia de la cultura para fines rupturales y se plantee que en la Casa de la Cultura local, hallar una expresión “distinta” a la funcionalidad señalada, pero ¿usted realmente cree en eso?, porque parte de esa funcionalidad continúe allí por estar ante acciones de entretenimiento y publicitadas como “cultura”, y sin -profundidad simbólica- porque no trasgrede la causalidad señalada, por el cual sea funcional al narcotizante que es –esta- ciudad.
Recapitulemos, ¿qué estamos planteando?, la “alienación” que provoca la ciudad de Villa Gesell a sus habitantes por quedar presos, atrapados de la racionalidad ejercida para enfrentar sus obligaciones, responsabilidades como ciudad, por el cual una ruptura a esa forma de entender debe suceder y ese es el plano de lo “simbólico” que la creatividad local debe posicionar, inventar, definir, plasmar etc. y refracte el orden preestablecido. Para ello, el ejercicio cultural debe estar presente en todas sus localidades como parte de un fermento elusivo donde lo plasmado simbólicamente posea esa pertinencia “liberadora”.
Porque ¿sabe cuál es el efecto de lo contingente?, el de la cosificación, donde nada cambia y todo es así porque es “natural”, gente que trabaja, cumple sus deberes, asiste a fechas patrias, roba, miente, delinque etc., horizonte chato, cotidiano, previsible, medioeval, por esa cosificación mental y simbólica reproducida en la Casa de la Cultura, el Museo, el Chalet, los libros -fundacionales- acerca del pueblo e identificación con el topónimo.
Y momento del hacer cultural centrado en el –poetizar-, pero “no” en el mar, las acacias, los médanos o gaviotas que son “parte” del paisaje contextual inserto en lo funcional de la ciudad, sino un poetizar tras otro horizonte y destacar una realidad que ennoblezca y salve al geselino de quedar “atrapado” en las necesidades y obligaciones de la ciudad, por ello un poetizar que permita trascender tal cotidianeidad funcional y -liberarse- por tal ejercicio poético de las señaladas cosificaciones en sus habitantes, la necesidad de la creación de un “nuevo” decir por un nuevo mirar cultural allende a la poesía y al poetizar posicionen, hablamos de arte, pintores, escritores y poetas, creadores de un simbolismo ¡ruptural! al cansino, aburrido y tedioso mandato de la ciudad geselina.
Entonces, una ciudad si bien es una racionalización, también, deba existir un resquicio para salvar de la alienación a sus -propios pobladores-, lo simbólico nacido desde esas fuerzas culturales deben aportar, semblantear un espíritu, un “ser” al -ente- sumido en el deber y las obligaciones, fuente de la cosificación, un simbolismo que el poetizar debe posibilitar al servicio de sus habitantes, como “dueños” de la ciudad, superar la condición cautiva y provocar otras condiciones que enriquezcan el devenir de “sus” habitantes.
Entonces, usted lleno de –curiosidad- pregunte, ¿podría poner algún ejemplo de ese poetizar liberador?, solo cito fragmentos de tales obras
Nadine Stair, "Instantes”.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.


H. A. Murena. “Glicinas”.
El gran poeta Li Po
nunca escribió ningún poema
Miraba ramos de glicinas
Reía siempre a veces
Lloraba también
Espejo de lo creado
Eso fue todo.


Nazim Hikmet. “El más hermoso de los mares”.
Nuestros días más hermosos
aún no los hemos vivido.
Y lo mejor de todo aquello que tengo que decirte
Todavía no lo he dicho.


Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Tales son los ejemplos del -poder simbólico- y “muestra” del señalado poetizar.

Juan Oviedo

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