Jueves, 04 de Junio Villa Gesell

Opinión | Columnistas

Juan Oviedo, profesor de Filosofía local

Trabajador

Hay un relato “vigente”, a presentar al trabajador como un sujeto simbólico e insuflado de ideales políticos, sin embargo, la realidad lo muestre de otra forma, porque a pesar de tal relato, no exista mayor indefensión que ser trabajador puesto que todo laburante no es dueño de su destino ni de la continuidad de su empleo y ni posee control sobre su salario, el cual suele a veces, ser “inferior” a la canasta básica.


 


Esto es una presentación contraria a la fábula de ese trabajador como poderoso e intenta exponer la situación -real- del trabajador y contrastar la narración política mediática y mostrar, señalar, una innegable existencia, la brecha entre la narrativa histórica acerca del trabajador y su situación actual, la de un sujeto -vulnerable-.


 


Históricamente bajo el trasfondo del peronismo, se posicionó al trabajador como una figura poderosa y con capacidad de transformación nacional, institucionalizada a través de organismos como la C.G.T.., desde entonces, en este país, se supo posicionar la importancia y el poder del trabajador, desde la representación del -trabajador-poder- y vigente hasta el día de hoy.


 


Pero si ponemos la atención en este trabajador de hoy, -no haya- mayor indefensión que “él”, porque -no es- dueño de su destino ni de la continuidad del mismo, que es su trabajo, no determina su salario y siempre suele ser menor al de la canasta básica, sin embargo, se lo posicione como alguien que tiene condiciones, posibilidades, capacidades de transformación en este país.


 


Los medios retratan la crisis laboral, buscando rating bajo la justificación de informes y mostrar a los trabajadores como víctimas. Muestran a individuos vencidos y resignados lo cual contradicen la idea del "sujeto poderoso" del relato peronista, evidenciando que el verdadero poder reside en los dueños y patrones. Algunos medios muestran, compiten en crueldad al publicar el dolor, llanto, desesperación que provocan despidos, cierres de fábricas, pymes etc., y revelan una muchedumbre desdichada, tras el mero rating, Ahora, debemos señalar a “uno” en particular quien posiciona en sus horarios centrales, a micrófonos, cámaras y retraten, escuchen, a esa condición desdichada de despidos, falta de trabajo y sujetos resignados, en suma, he aquí los poderosos según la fábula del trabajador argentino.


Posicionado por ese relato político -el trabajador-, entre otras cosas “es” un estandarte de igualdad y solidaridad política; pero no es tal, pues su realidad lo muestra como alguien que -si o si- debe trabajar, exigido y determinado por el contexto. El trabador no es poderoso, ni trabaja para representar o ser estandarte de igualdad, solidaridad ni sea parte subliminal de algún idealismo o utopía política, trabaja porque debe vivir en un contexto que le exige trabajar, su necesidad de ganarse el pan es infinitamente más real que la dimensión simbólica que se le quiere adosar.


¿Todas son contras?, ¡no!, porque hay algo interesante a destacar, que el trabajador provoca un -contraste moral-, porque si es un tipo “honesto”, se distancie de los "sujetos espurios" que aprovechan la contingencia, como narcos, delincuentes, policías, jueces, funcionarios, oportunistas políticos, punteros, todos mancomunados para sus propias conveniencias. Lo cual genere la siguiente duda, ¿no serán estos a quienes se refiere el relato?

Juan Oviedo, profesor de Filosofía local

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