Lunes, 02 de Noviembre Villa Gesell

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Default humanístico: Poder de Fuego

"...la política es el arte de conducir lo inevitable..." De Gaulle

"la política es el arte de lo posible..." popularizada por el canciller Otto Von Bismarck (1871-1890) pero ideada por el filósofo alemán Gottfried Leibniz (1646-1716)

No me voy a referir a lo político nacional ni internacional. Es un tema que me excede totalmente. Si me interesa la política del ejercicio del poder en dos ámbitos más cercanos a mi actividad como lo son la pareja y la vida familiar. Si la política como ejercicio del poder es el arte de "conducir lo inevitable" hay muchas situaciones en donde parecería ser la producción de lo inevitable. O sea la muerte pero una muerte anticipada por la voracidad del poder. Sería lo que llamamos la política de la muerte como se advierte en la historia del siglo XX en los diversos campos de concentración y en las matanzas de Hitler y Stalin. En las familias y en las parejas observamos en muchos casos, que incluso hoy tienen notoriedad pública, el juego del poder como muerte del Otro. Se incendia a la pareja e incluso "vendettas" entre parejas culminan con el desfiguramiento del rostro de uno de ellos (habitualmente la mujer) también con fuego. Es lo que llamo el poder de fuego frente al poder liberador de las palabras. Cuando ceden las palabras aparece la brutalidad. De Gaulle nos enseña que el arte de la conducción es el límite. Límite a la omnipotencia. Aquello que en la teoría de las sociedades Montesquieu (uno de los ideólogos de la modernidad) llamó división de los poderes. El límite está dado por el interjuego de los poderes. En lo humano cotidiano lo sagrado es el Otro; llámese hijo, mujer, etc. E l límite lo marca la capacidad de escuchar. Respetar la palabra del Otro.

LA CODEPENDENCIA

E n las patologías de las parejas observamos no sólo la imposibilidad de reconocerse (base este reconocimiento de la humanidad misma) sino también la imposibilidad de separarse. El padre de Wanda (joven muerta quemada hace pocos meses y casada con el baterista de Callejeros) comentaba que discutían de una manera violenta pero no podían no estar juntos. Cuando el padre mencionaba la posibilidad de interrumpir esa relación que era francamente patológica la violencia era aún mayor (en las últimas semanas aparecieron situaciones en donde el fuego aparece ligado al exterminio de la pareja o del adversario). "No te metas" era la respuesta. Se necesitaban así. Amos y esclavos mutuos.

No permitían la entrada de ningún tercero. La entrada de un tercero es la de alguien que los pudiera hacer pensar. Es el lenguaje como comprensión de la realidad. Cuando un terapeuta interviene (si es la persona elegida) hay una posibilidad de cambio. A esta peculiar cerrazón al Otro como diferencia se la denomina "codependencia". Toda pareja o familia es sana cuando permite el crecimiento de sus miembros. El dilema es crecer juntos o depender juntos.

En la codependencia hay un congelamiento emocional, la necesidad obsesiva de controlar la conducta del otro (vivir todo el día pensando en el otro), la responsabilidad de cuidarlo de una manera total e incluso invalidando la capacidad de auto-cuidado que todos tenemos. Así en función de esta codependencia se toleran abusos físicos y emocionales. La relación es atrapante (es un verdadero "campo de concentración" del cual no se puede salir). Así van produciendo la muerte. Aunque en realidad es un juego a pura pérdida ya que se suicidan todos incluso y primero el asesino del Otro.

EGOS MORTIFEROS

Heidegger decía que había un poder para ser y un poder para destruir. El poder para ser implica el uso del lenguaje y el reconocimiento del otro como mi límite. De lo contrario vivimos dentro del narcisismo en donde el prójimo es sólo el reflejo de mi propia imagen. G. Maci, filósofo y analista de nota en nuestro país, nos enseña el narcisismo es la tumba cotidiana de muchos de nosotros. Nos dice que Narciso quiere decir narcotizarse; no hay mayor narcótico que el embelezo en la propia imagen y máxime cuando se cree que ésta es la medida de toda realidad.

Cuando vivimos, por supuesto que sin vivir la vida, desde el narcisismo aparece el poder en su versión más mortífera. No hay lenguaje, no hay palabras. Aparece el golpe y el sometimiento. El poder tiene una dimensión cautivante. La dominación permanente del otro es una tarea obsesiva y continua. La "política como arte de lo posible" de Leibniz es apelar al límite mismo del reconocimiento de la realidad que por supuesto no siempre es el reflejo de mi Ego. De lo contrario aparece la muerte del prójimo que ya es un rival a aniquilar.

El poder de fuego sería así el poder de la aniquilación. El poder de las palabras es el límite mismo que nos permite construir y por supuesto ser y no perecer.

DR. JUAN ALBERTO YARIA
DIRECTOR DEL INSTITUTO DE DROGADEPENDENCIA
UNIVERSIDAD DEL SALVADOR

Dr. Juan Alberto Yaría

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