Lunes, 02 de Noviembre Villa Gesell

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Default Humanístico: Ser Dios (II)

"...conócete a ti mismo; cuídate de ti mismo; inquiétate por ti mismo; ocúpate de ti mismo..." Oráculo de Delfos en Grecia

"...tú que enseñas a los otros, no te enseñas a ti mismo..." San Pablo (ROM 2,21)

Tenemos el trofeo de ser los primeros en América Latina en el consumo de cocaína y los segundos en toda América después de Estados Unidos .La cocaína es la droga del poder, la omnipotencia y la desmesura y es entonces que entonces vale la pena recordar a los clásicos en tiempos de soberbia en donde algunos hombres, características cada vez más masivas, creen ser Dios. Afán de superioridad. Así en el altar de la soberbia se llega al delirio del Ego. Las drogas alimentan esta voracidad de completud. La cocaína, droga prototípica de esta post-modernidad, crea la ilusión de la omnipotencia buscada. El olvido del sí mismo, clave para los griegos de la humanización o de su contrario o sea la deshumanización, encuentra en la alienación del consumo una explicación. A medida que nos vamos acercando problemáticamente al consumo nos vamos alejando progresivamente de aquel "ocúpate de ti mismo "que Sócrates en la antigua Grecia popularizó. La cocaína (nuestro país es el primer consumidor de América Latina) otorga también la ilusión de poder...y del poder. El extravío del ser humano alienado en una sustancia ajena a sí mismo denuncia al mismo tiempo lo que no podemos ver: nuestra impotencia y el vaciamiento de nuestra identidad que queda dependiendo de un "polvo blanco" .De repente de sujetos autónomos empezamos a ser objetos. Quedamos reducidos a objetos. Dependemos de un "dealer".

COCAINA Y EXTRAVIO

Los griegos en Delfos al pie del Monte Parnasos consultaban por las cuestiones que los inquietaban. Se apelaba a un tercero. El saber no lo poseía nadie; el Ego se hincaba ante el Lenguaje. La Verdad era una pregunta permanente. En el Ágora (la plaza) se reunían dos para escuchar a un tercero (el Lenguaje). Así surgía la Verdad desde el dialogo. Todo lo contrario surge desde el delirio del Ego en donde el hombre se reconoce como Dios. Ahí no hay otro ni dialogo. En Delfos las pitonisas, vitalicias elegidas por su conducta irreprochable, hablaban y orientaban no en nombre de sí mismas sino de un Saber ausente que las trascendía. Para los antiguos (especialmente, después en los místicos cristianos) siempre la humildad está al lado del conocimiento y de la Verdad. La soberbia, por el contrario, muestra el desconocimiento y el escepticismo desde la egolatría. Desde el delirio de omnipotencia de hoy el hombre encuentra el Poder; desde el saber clásico y analítico de hoy (todos los descubrimientos del psicoanálisis) el mayor poder del hombre surge desde reconocer su finitud y pequeñez. La vida es una pregunta permanente. En este límite que encuentra en los otros y en la precedencia del saber (el mundo no empieza conmigo); ahí precisamente encuentra su grandeza. San Pablo lo dice claramente cuando manda no tanto a enseñar a otros sino a enseñarse a sí mismo. En Delfos, igualmente, la apropiación del sí mismo era la máxima verdad y desde ahí nacía el máximo poder. En la soberbia el desconocimiento del sí mismo es paralelo con la eyección del Otro como el eje de todos los males. A su vez, y esto es lo más crítico, el Ego se transforma en la medida de toda la realidad, la realidad queda reemplazada por la imagen que tengo de ella o sea por una creencia sustentada en mi embelezo y fascinación. Me voy enamorando de esa imagen que es la proyección de mi Ego sobre el planeta y así prácticamente vivo desde un delirio. Delirio que no es como el de los pacientes del Borda (no en su forma pero sí en su contenido desestimador de la realidad) , que me permite durante un tiempo trabajar, dirigir , etc. pero que me va alienando progresivamente y deteriorando.

DROGA Y DETERIORO

En estos tiempos de soberbia la droga se coloca justo en ese lugar. Si drogarse es un fenómeno masivo es porque quizás necesitamos desmentir la realidad para convertirnos en la medida de todas las cosas. La cocaína parece colocarse justo en ese lugar. Jorge me dice en la consulta :"...salí de gira con la cocaína como compañera y de repente no sabía que día era , creí que era sábado y ya era domingo...mientras tanto dejé a mi hijo en una casa de vecino y lo abandoné justo en el Día del Niño...".

La cocaína sumerge en la omnipotencia y nos aleja de nosotros mismos. La función paterna (llamado simbólico al sí mismo) queda a un lado. El hijo queda, entonces, abandonado. El tiempo en la omnipotencia cocaína queda cancelado. La medida de los días se pierde; él se pierde también por supuesto. Está limitado en sus funciones como sujeto de la palabra y la paternidad y al mismo tiempo y, paradójicamente, se siente Dios. Por otro lado la cocaína daña, en este paciente su lóbulo frontal y va perdiendo memoria, atención y capacidad de planificación .Se queda sin historia y no puede proyectar.

Creyendo ser Dios fabrica su propio "infierno". El deterioro del lóbulo frontal (diferencia biológica fundamental con los monos) lo va transformando en una caricatura de lo que debería ser .El síndrome de las 4 A como signo del deterioro frontal: apatía, abulia, amimia y Anhedonia unido a desbordes impulsivos cada vez más frecuentes se convierten en los mensajeros del fantasma que comienza a ser . El "ángel" de la luz muta en un fantasma en los pasillos del Infierno buscado y encontrado de las mitologías del Dante en la Divina Comedia.

DR. JUAN ALBERTO YARIA
DIRECTOR DEL INSTITUTO DE DROGADEPENDENCIA
UNIVERSIDAD DEL SALVADOR

Dr. Juan Alberto Yaría

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