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"Las promesas de compromiso a largo plazo no tienen sentido...al igual que otras inversiones, primero rinden y luego declinan". Z. Bauman- Amor Líquido

En la consulta cotidiana con adolescentes observamos la dificultad de encontrarnos con los padres. Muchos ya no están y quizás nunca participaron en el proceso educativo desde la infancia. La fragmentación familiar obedece a cambios notables que se han dado en la sociedad mundial y especialmente en la Argentina. Hay formas familiares nuevas con el auge hogares monoparentales (básicamente mujeres solas ) , familias ensambladas (hijos que conviven con hermanos de distintas uniones), hijos que viven con abuelos por ausencia de los padres, chicos que cohabitan con hermanos mayores, etc. Lo que màs incide no es el cambio de las formas sociológicas sino el abandono o las distintas formas de rechazo que viven los niños desde temprana edad. La tecnología es clave para entender estos hechos ya que se han diluìdo contactos y vínculos generándose un cambio de valores . La técnica como fetiche (objeto valorado y prestigiado) desplaza al hijo como centro de la cultura. Ademàs las promesas ya no duran ...y entonces todo lo sólido parece desvanecerse en el aire...entonces las promesas se licúan o ni siquiera hay promesas. Los amores furtivos parecen ser lo común; las promesas de amor eterno son patrimonio de otra era. ¿Menos hipocresía? ¿Mayor miedo al compromiso? En una cultura dineraria en donde el mercado manda y en donde las inversiones rotan, fluctúan y cambian permanentemente ¿es posible que esto no incida en los vínculos humanos? En una cultura técnica en donde el hombre es el símil de la electrónica prestigiada ¿es posible que esto no enfríe el corazón humano? En una cultura secularizada ¿es posible un vínculo legislado por alguna autoridad religiosa? En una cultura individualista ¿es posible que una legislación civil contractualize un vínculo?

Todo fluye en la postmodernidad, incluidos los vínculos humanos. Onda mundial en donde aumentan las uniones consensuales y muy frágiles en el tiempo, con inestabilidad en la vida matrimonial, aumento de las separaciones y de los hijos extramatrimoniales.

En América Latina los matrimonios, tanto el vínculo religioso como el civil, disminuyen año a año. Se eligen uniones no formales y aumenta el número de divorcios. Argentina, Uruguay y Chile son los países que encabezan este ranking en América Latina.

En la Ciudad de Buenos Aires el número de casamientos disminuyó de 24.483 en 1989 a 15.539 en el 2000 y el número de divorcios aumentó, en el período enero-abril del 2005 en relación al mismo período del 2004, un 24%. En la Provincia de Buenos Aires en los primeros 5 meses del 2005 aumentó, en relación al mismo período del 2004, un 165% el número de divorcios (fuente Registro Provincial de las Personas). En esos primeros 5 meses del 2005 el número de divorcios (12040) casi igualó el número de casamientos (13174). En esa provincia, tomando el año 2002 y el 2005, hay un cambio en donde se pasa de un divorcio por 4 o 5 que apostaban a la institución del matrimonio a una relación que actualmente es de uno a uno.

CONSECUENCIAS PREVISIBLES

Los cambios bruscos que se están dando generarán en los próximos treinta años el aumento del número de personas que vivirán solas, la crisis de la vejez desamparada será una realidad; las separaciones, si son cruentas, harán crecer los trastornos mentales por desvalimiento y abandono en los más pequeños, se triplicará el número de parejas consensuadas y habrá una menor tasa de fecundidad. Por ende, bajará la natalidad como ya sucede en algunos países de Europa (datos del Instituto Demográfico de Naciones Unidas).

Hay países que reaccionan, como Francia y Suecia, y están asistiendo a un "baby boom" con un estímulo a tener hijos, descuentos en los servicios públicos por familia numerosa y en políticas activas de promoción de la vida familiar.
El verdadero capital de los pueblos es la vida familiar, ya que es quizás el único lugar de gratuidad que queda en la postmodernidad dineraria y rentística. Los países que apuestan a esto preservan su futuro. J.F.Kennedy, en la década del 60, avizoró este destino y le preguntó a un gran psiquiatra y psicoanalista de niños, B.Bettelheim, qué se podía hacer ante estos cambios. El científico le respondió que debía promover la vida familiar, de lo contrario tiranos publicitarios o políticos dirigirían a los más jóvenes. A más familia, más libertad.

Dr. Juan Alberto Yaría
Director
Instituto de Estudios Superiores GRADIVA en Adicciones y Patologìas del Desvalimiento Social

Dr. Juan Alberto Yaría

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