Un cuento judío relata que un discípulo, que era estudiante de los textos bíblicos, encuentra a su maestro triste y le pregunta: "Maestro ¿por qué estás triste? ¿Estás triste porque no has llegado al máximo del conocimiento y no has alcanzado las máximas virtudes?". Entonces el maestro respondió: "No, no estoy triste por eso; estoy triste porque no me he convertido totalmente en yo mismo".
El relato nos enseña que muchos de nosotros malgastamos nuestro tiempo en lo que no podemos ser y en rechazar lo que podemos ser. Tener noción de nuestros propios límites y posibilidades es hoy una medida de la salud mental. Muchos de nosotros sufrimos y nos angustiamos porque no podemos trasvasar la medida de nuestras posibilidades. La aceptación de nuestra realidad personal y la de los otros, si bien es algo doloroso, nos abre las grandes posibilidades de encontrarnos con nosotros mismos. Aceptar lo que podemos ser es un camino de desarrollo personal impresionante pero equivale a enterrar sueños e ilusiones.
¿Cómo subvertimos y transgredimos el espacio de la aceptación de lo que podemos ser? ¿De qué manera? Hay variadas formas que nos propone esta sociedad del marketing: identificarnos con lo prestigiado que puede ser una cosa, un objeto, un fetiche dinerario. Una apariencia, pero que para nosotros es una pasión que buscamos indefinidamente; nos volvemos locos por tener algo que la sociedad del marketing y la venta prestigie. Nuestro sí mismo más profundo, aquél que relataba el maestro judío, se perdió detrás de la búsqueda de objetos. Ya no usamos los objetos, somos los objetos.
DROGARNOS
Otra vía de extrañamiento de nosotros mismos y de pérdida y alejamiento de la sensibilidad y la intimidad más profunda es el drogarnos. Esto genera una gran plusvalía y es una forma de control de los movimientos sociales juveniles nunca vista en la historia de la humanidad, ya que al entrar progresivamente en una dependencia esclava se les hace creer que son libres. Es una verdadera alienación producida desde mecanismos de acción psicológica social que operan en edades de máxima vulnerabilidad (adolescencia y juventud) y ampliamente utilizados en espacios juveniles (discos- fiestas rave- espacios privados).
Pero el problema no lo tienen los vendedores de ilusiones y alucinaciones sociales sino qué es lo que pasa en el interior de los seres humanos ( especialmente en los adolescentes y en sus orientadores adultos, llámense profesores, padres, etc.).
Varios jóvenes a quienes trato y que han pasado por la experiencia alucinatoria en fiestas rave me han relatado lo masivo de la experiencia. Es la búsqueda de lo alucinatorio como forma de diversión. Es la búsqueda de la experiencia de lo psicodélico como trasvasamiento de los límites de la realidad. Es no escuchar lo que nos enseñaba el cuento judío: nos empeñamos en rechazar lo que podemos ser y nos queremos convertir en lo que no podemos ser. Entonces usan LSD, Ketamina, Popper, Extasis. Todos alteran la percepción y son llamados alucinógenos; otros son también estimulantes. Jugamos por un momento a ser esquizofrénicos y muchos quedan para siempre en esta estación psicótica. Estas drogas son también llamadas disociativas: alejan al sujeto de sí mismo y del medio ambiente. El es un espectador de sí mismo. También buscan en plazas de Capital la planta de cucumelo o de floripondio para hacer infusiones que los llevan a lo alucinatorio y delirante.
El creador del LSD, el químico de Laboratorios Sandoz en Suiza, A. Hoffman, que creó el LSD en 1938 como una molécula derivada del cornezuelo de centeno, al experimentarla sobre sí comenta que inventó su propio infierno: "mis alrededores se transformaron, todo en la habitación giraba, un demonio me había invadido, toda la ejecución de mi voluntad parecía un esfuerzo perdido" (he aquí la máxima alienación que es la pérdida del control de la voluntad ya que ésta es la libertad misma).
Hoy nuestros servicios de atención a drogadependientes están llenos de estos pacientes que se jugaron a la experiencia de lo alucinatorio y quedaron dependientes de ellos. Muchos con una psicosis persistente. Creo que debemos alertar por todos los medios posibles (escuelas, medios de comunicación, etc) esta psiquiatrizaciòn creciente de vastas masas juveniles. ¿Quién pagarà esta fiesta?
Dr. Juan Alberto Yaría
Director del
Instituto de Estudios Superiores GRADIVA en
Adicciones y Patologìas del Desvalimiento social