Lunes, 02 de Noviembre Villa Gesell

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Default Humanístico: Narcocultura (II)

"La droga le da "coherencia" al ser y estar del paciente" - H. Guajardo - Especialista chileno en adicciones.

El Rey Federico II en Alemania hizo un experimento social nefasto en sus consecuencias. Deseaba saber que lenguaje hablarían los niños si nadie les hablaba. Los aisló de sus familias y los colocó en un lugar donde se los vestía, alimentaba y cuidaba a la perfección; pero nadie les debía hablar. El final fue que todos los niños murieron. No se puede vivir sin el reconocimiento que me da el otro cuando me habla.

No se puede vivir sin escuchar la sonoridad del amor.
El tirano comunista Ceasescu imaginó una niñez perfecta en asilos perfectamente diseñados fuera de los contactos paterno y materno filiales. Al terminar trágicamente su gobierno hoy todavía son motivo de estudios los daños mentales, cerebrales de estos niños. Llama la atención que el lóbulo frontal (signo diferencial con los monos) estaba atrofiado y que el neurotransmisor responsable de la estabilidad del humor como es la serotonina estaba siempre en déficit. Falta de amor otra vez; y de vínculos. El cerebro es también un lenguaje que depende para su desarrollo de vínculos afectivos y de apegos familiares estructurantes.

La narcocultura se basa para su imposición como cultura dominante en una crisis de vínculos y de reconocimientos desde la infancia. Federico II y Ceasescu no son pasado. Hoy miles de niños viven sin el sustento de la "proteína" de los afectos y el lenguaje.

Surge así un ser vacío. Ahí crece la angustia. Es que una vida sin el "colchón" de lo simbólico y sin amparos estructurales es puro trauma. O sea es pura angustia. ¿A quien apelar? ¿Quién me escuchará?

La cultura narco avanza sobre éste vacío de identidad. Los productores de cerveza imaginan un público puberal. Ya lo lograron. La marihuana se publicita como no dañina. Ya se instaló. Son los nuevos "tónicos" frente al vacío de identidad.

Surge entonces un fenómeno masivo nuevo: alcohol y marihuana desde los 12 años en adelante. Precisamente en un momento en que el cerebro está en evolución estas drogas dañan, a veces para siempre, los distintos procesos de aprendizaje: irracionalidad cognitiva, alteraciones emocionales, alexitimia (están apagados cuando no se drogan y sin empatía), trastornos de atención. Muchos de estos niños adolescentes tienen madres y
padres que son consumidores y con falta de involucramiento y preocupación en la educación.

Así va creciendo un joven que no puede aprender y en desventaja con otros jóvenes de su edad que no consumen. Baja entonces la autoestima; sienten que no valen .Los cambios de humor son cíclicos, los patrones de sueño se alteran. La impulsividad y las rabietas son cada vez más intensas. Así surge un joven desmotivado y que solo depende de dosis diarias.

Así se va deteriorando el capital juvenil de una comunidad. La narcocultura lucra con el desamparo de miles. La aceptación social de las sustancias opera como el prestigio para consumir los diversos "tónicos" de la omnipotencia frente a tanta adversidad.

Dr. Juan Alberto Yaría (doctoryaria@yahoo.com.ar)
Director del Instituto de Prevencion de la Drogadependencia
Universidad del Salvador

Dr. Juan Alberto Yaría

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