Cual casa "tomada" nuestro cerebro queda "tomado" por sustancias tóxicas totalmente extrañas a su metabolismo alterándolo. El cerebro no está hecho para recibir drogas; éstas lo dañan. Así la drogadependencia es una verdadera exposición del cerebro que queda sujeto a un "Poder Otro"; es, entonces una enfermedad cerebral. Cerebro que es también contexto o sea sociedad, padres, escuela, relatos, narraciones. El cerebro hace a la sociedad y la sociedad hace al cerebro.
Me preocupa como especialista en adolescencia la expropiación masiva de la adolescencia por el consumo precoz de alcohol y drogas. Asistimos a un hecho epidémico como lo es la entrada del púber de 11 o 12 años al consumo. Así hoy se define a la drogadependencia como una enfermedad del desarrollo.
A menor edad de entrada al consumo hay mayores posibilidades de que germine una dependencia de por vida a sustancias químicas o que rehabilitarse de ellas lleve varios años. En muchos casos quedan secuelas orgánicas y por ende en la conducta debido a lesiones cerebrales.
En momentos en que el cerebro está en pleno desarrollo (adolescencia) el consumo de alcohol y drogas es como "echarle leña al fuego". Precisamente en esos momentos y hasta los 25 años termina de madurar el lóbulo frontal (centro de la cognición superior y sede biológica de lo moral y del altruismo) y el llamado sistema límbico (sede de las emociones y deseos).
No solo terminan de madurar estas dos estructuras sino que además se forman las conexiones entre ellas.
Las emociones si hay una adecuada maduración del frontal, éste genera un control inhibitorio que es base de la vida cultural.
Las drogas deterioran el cerebro frontal y el sistema límbico y no permiten las conexiones entre ambas estructuras. Aumentan así las conductas de riesgo de todo tipo porque no hay noción de las consecuencias de las acciones (papel del lóbulo frontal), Así hoy vemos muchos adolescentes con una gran excitación y una gran imposibilidad de pensar debido a estos problemas. En muchos casos, quizás en la mayoría, esto se asocia a una falta de contención social y familiar.
Un joven con daños en el frontal tiene el llamado síndrome de las 4 A: apatía, abulia, anhedonia y ataxia; unido todo a los desbordes impulsivos. Es interesante observar la amimia: se lo nota al paciente inexpresivo, ausente y parece estar dentro de un vacío. Vive en un vacío. Es vacío. Esa amimia que es un símil de ausencia de ser y del estar nos muestra que el otro no está presente. No tiene solamente simpatía, sino empatía con lo cual unido esto al desborde impulsivo puede llevar a la riña, la golpiza o cualquier otra situación dañina para él o para otros.
El hipofrontalizado además tiene trastornos de memoria, atención y en general de aprendizaje.
De ahí que la "inocente" marihuana los descoloque rápidamente de la secundaria. Marihuana y escolaridad no van de la mano. Así se empieza a convertir en un adolescente que se va excluyendo del desarrollo normal (o sea el desarrollo como norma en distintas etapas de la vida) en relación a jóvenes de su misma edad. Así va cayendo su autoestima y esto agrega ya un problema mas.
Dr. Juan Alberto Yaría (doctoryaria@yahoo.com.ar)
Director del Instituto de Drogadependencia
Universidad del Salvador.