Montalvo que trabajó muchos años en el Harlem americano relata cómo ninguno lo que vive Juan que en sus 19 años consulta luego de una serie de internaciones frustradas por sus abstinencias que lo llevaban a fugas permanentes. En Villa Soldati (CABA) aparecía su conducta como la del personaje mitológico de Sísifo que levantaba una piedra y con esfuerzo la llevaba hasta la cima de la montaña y luego de este trabajo ésta se caía para volver a empezar; cada tratamiento era abandonado y así otra vez para volver a empezar. Paradojas de las pulsiones de autodestrucción que son las "fuerzas de la muerte" que llevamos adentro en momentos de la eclosión de la enfermedad adictiva. Abstinencia, consumo voraz y volver a tratarse. Mientras tanto se iba deteriorando cognitivamente (fallas de memoria, atención, imposibilidad de llevar adelante actividades en forma persistente, imposibilidad de pensar lúcidamente). Dejó de estudiar en la primaria cuando comenzó a consumir y no podía sostener ninguna actividad así como tampoco aprender algún oficio. Todo tipo de drogas llega a consumir en esos cortos 5 años de carrera adictiva pero que en realidad parecen toda una vida.
Solo atina tímidamente a decir que se arrepiente de haber dejado el primario pero la necesidad de consumir era tan fuerte que toda otra motivación quedaba a un lado. Esta necesidad de consumir voraz, repito, y mortífera solo puede entenderse de acuerdo al contexto en el cual vive. Son lo que en otros trabajos llamo "las fuerzas negativas del barrio" y que Montalvo cita como "la desorientación moral externa, la cultura y las fuerzas del barrio".
En el barrio la oferta de drogas es brutalmente excesiva y supera largamente a las "fuerzas de resistencia" a la barbarie cotidianamente sentida ya que parecen fallar las familias contenedoras, las escuelas como transmisoras de valores, servicios espirituales y deportivos, así como una fortaleza positiva de las fuerzas de seguridad . Juan es casi un símbolo de miles de jóvenes de barrios vulnerables.
Sobre esto el Observatorio Argentino de Drogas (OAD) de SEDRONAR en la Argentina nos dice que entre 2004 y 2010, aumentó la prevalencia de consumo de drogas ilícitas a nivel nacional en la población de entre 16 y 65 años. El consumo de marihuana pasó de una incidencia de 1,9% a 3,5%, algo similar ocurrió con el alcohol, aunque con una prevalencia de 48% en la población. Según los mismos estudios, la dependencia o adicción severa afectaría a casi el 50% de los consumidores de cocaína y a menos del 17% de los que consumen marihuana, en tanto que se promueve a adicción en el 13% de los consumidores de bebidas alcohólicas.
En Juan a sus 19 años las diferencias entre alcohol, marihuana y cocaína no existen. Es el "cocktail" de sustancias lo que sirve. Lo que sí es seguro es que su adicción es severa.
BARRIOS "TOMADOS"
"Tomados" por la barbarie del "narcomenudeo" como parte de la cadena de distribución y como forma, además, de solventar el consumo. "Tomados", también, por el gran alcance de las enfermedad mentales en los distintos miembros de la familia .Cuando hay un consumo severo de drogas en un joven surgen otras enfermedades en otros miembros de la familia; desde trastornos de ansiedad hasta distintas manifestaciones de violencia. Mezcla de culpa con odio y noches sin dormir. Incluso aumenta en estas familias las tasas de suicidio y de cáncer. Son las caras del sufrimiento de todo un grupo .Ahí no hay alegría ya que es solo la monotonía de la muerte lo que se escucha y hace ruido.
Los datos del Barómetro de consumo de drogas de la UCA (Univ. Católica Argentina) nos hablan que la presencia policial no es garantía de la baja de oferta: "si bien el registro de venta de drogas tiende a ser más alto en los espacios con baja presencia policial, el incremento general en la percepción de venta de drogas en el barrio se incrementó al margen de la mayor presencia policial ". Precisamente la falta de una planificación preventiva y asistencial en estos últimos años es la clave.
VIVIMOS AL REVES
Confiar solo en la presencia de Gendarmería, Prefectura o de otras fuerzas sin apelar a una respuesta de oferta cultural, formativa, asistencial y educativa tuvo sus resultados que no fueron precisamente buenos para un desarrollo saludable. Incluso se han cerrado centros asistenciales de atención, se prohíbe la creación de nuevos centros mientras triunfa la aceptación social del consumo .Hay normas ministeriales heredadas por esta nueva gestión que impiden la apertura de centros e incluso con amenaza de cierre de instituciones si no se modifican estas mencionadas resoluciones que son la antítesis de lo que sería necesario hacer.
Sin detección precoz de la adicción en sus primeros estadios, formación preventiva desde la escuela y las familias y con una política de promoción de apertura de centros asistenciales estamos en una franca situación de aumento de las expectativas de consumo con todas las enfermedades sociales asociadas (delitos, intemperie ciudadana, etc.); así como de incremento de la prevalencia de las enfermedades mentales. Hay miles de Juan en la Argentina que esperan una respuesta. Parece que nos pasa aquello que canta en "Desencuentro" el Polaco Goyeneche : estás tan desorientado que no sabes que "trole" tomar ...es un corso a contramano"
DR. JUAN ALBERTO YARIA
DIRECTOR GENERAL GRADIVA-Rehabilitación en adicciones