Lunes, 02 de Noviembre Villa Gesell

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Default Humanístico: Morir Antes (III)

"...la droga cumple una función de prótesis y sustituye imaginariamente la realidad que toma en principio un carácter alucinatorio.." G. Maci

Drogarse epidèmicamente como hoy sucede en nuestra sociedad reconoce factores culturales como precipitantes y convocantes. Asì desde las historias de vida de centenares de pacientes vistos en los ùltimos treinta años se esconden los estilos de vida a los cuales nos sometemos. El "se dice", "se hace" de M.

Heidegger es en donde la tiranìa del uso social compartido y mimèticamente transmitido se convierte en un uso de drogas masivamente mortìfero. Hoy el uso de drogas responde al "se dice", "se hace" claramente evidente en los que tratamos jóvenes en donde la imitación responde a un patròn previo de aceptación social del consumo prestigiado por distintos medios propagandìsticos incluso abonado ,todo esto, superlativamente por la falta de polìticas preventivas en los medios adolescentes. Las estadìsticas mundiales sobre nuestro paìs acerca del consumo en las escuelas secundarias dadas a conocer en los ùltimos dìas son muy clarificadoras. Es la otra gripe A mucho menos visibles, sin barbijos ni fiebre viviendo en los "tuneles" prestigiados de la sociedad.

Describimos tres estilos culturales prestigiados: el elogio de la desmesura, la creencia omnipotente de que es posible llegar al placer sin lìmites y que hay que bloquear de cualquier manera el dolor de los duelos(muertes) , pèrdidas y transiciones vitales (pasaje a la adolescencia, la madurez, vejez).

Es la huìda del dolor o del lìmite al placer o del que impone la vida misma como transito lo que nos precipita aùn màs al vacìo de la muerte. De tanto huir llegamos "locamente " a ella.

El que se droga en estos casos queda sometido a ese paradigma cultural en donde la desmesura està prestigiada ; el duelo debe perimirse porque la vida parece una gran fiesta manìaca y finalmente, el tiempo de la vida queda reducido a un tiempo infantil de ocio permanente en donde el èxito del placer sin lìmites es posible. El ocio infantil reemplaza al tiempo de la vida que es un precipitado de placeres , sufrimientos, pèrdidas y ganancias subjetivas si , por fìn, aceptamos y asumimos la realidad.

La droga sustituye la realidad por lo alucinatorio nos decìa màs arriba el Prof. Maci; con la validación que tiene lo alucinatorio dentro de la escala de prestigios sociales. Lo alucinatorio como el uso compartido de drogas( para el adolescente no quedan dudas que es posible y necesario el "salto" de la realidad que proporcionan las drogas ya sea para una fiesta, un encuentro sexual,etc). Luego el uso continuo lo llevarà a la dependencia; pero ese "es otro cantar ". De eso no se habla socialmente.

Otra creencia social es que "no hay que parar". La vida es pura sumatividad. Adicciòn como adiciòn ; suma final. Todo es plusvalía. Se apuesta a todo. Siempre a ganar. Siempre a ganar para que en el azar de la vida la pèrdida suene como la muerte misma (sobredosis , tragedia,etc.). El azar se transforma paradójicamente en Ley. Algún analista famoso y creativo nos enseñaba que cuando no se acepta la Ley a travès de algún representante la Muerte misma se transforma en Ley. La "parca" es la Ley. La vida parece ser un casino de mercancías en donde la lògica es la devoraciòn : "todo para mì" . La vida entonces queda agotada en una compulsión . El adicto de hoy es ya un jugador de casino. Sòlo importa esa ficha(dosis) en donde se le va la vida. "Si no la tengo me muero" me decìa un paciente de 32 años jaqueada por las compulsiones. No podìa parar. Yo pensaba "pero si la tengo tambien muero". Me contaba como al ser secuestrado en una villa al ir a comprar drogas en un simulacro que hacìan sus secuestradores de gatillarlo y con el revolver en la sien el pedìa "por favor" la dosis que le habìan robado. Muerte contra muerte. Revolver en la sien y muerte por la droga. Pedìa huir confrontándose con la muerte misma.

Tragedia de este drama vital. Ahora en la serenidad de una compulsión serenada me dice : "que locura, no podìa parar". Salvò su vida por el azar de una patrulla policial que pasoò cerca en el descampado que estaba. Se abalanzò sobre la patrulla y todo culminò en un tiroteo con los delincuentes.
El cerebro no puede parar , el sujeto de la adicciòn no puede parar . El cerebro sin la participación de las zonas superiores del cortex es puro automatismo. Eso genera el uso dependiente de drogas un cerebro que puede parar como si fuera un casino que funciona las 24 horas.

DR .JUAN ALBERTO YARIA
DIRECTOR DEL INSTITUTO DE DROGADEPENDENCIA
UNIVERSIDAD DEL SALVADOR

Dr. Juan Alberto Yaría

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