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Jueves, 26 de Noviembre Villa Gesell

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LA VIDA COMO TRAUMA - “SOL NEGRO” DE LA MELANCOLIA (II)

“Llora mi alma triste, pero no destrozada, está, por un golpe, estremecida no destruida. Se derrumbó una ilusión, no la esperanza" - (Rosalía de Castro 1837-1885)


La genial poeta “galaica” decía se derrumba la ilusión, pero no la esperanza; esplendida reflexión ya que siempre la esperanza debe rodear nuestra experiencia en la propuesta terapéutica. Cayeron ilusiones, pero no la esperanza que es la vida misma. Las historias vitales de dolor psíquico en nuestros pacientes nos ayudan a entender y desentrañar la esperanza como mira de salida.


Jorge “jalaba” nafta. Cuando no la tenía a mano usaba “poxi-ram”. Desde los 12 años estuvo hipotecando su vida con tóxicos incluida la cocaína en su etapa de los últimos años. Lo conocí en sus 17 años. Todos los días hacía lo mismo…perseverar en su destino compulsivo. Su vida era un “sol negro” melancólico cuyo destino era la muerte.


Hay tres formas posibles de leer esta historia luego de transcurrido unos años de su proceso de rehabilitación ya que hoy vive en su tierra (interior del país) con su propia familia. Toda historia de padecimientos mentales y de adicciones es parte de una novela familiar y nuestra virtud artesanal es poder leer con el paciente y con sus allegados los distintos trayectos, pozos, traumas y construir puentes para llegar a una salida que permita una vida autónoma.


En primer lugar, el compromiso y el daño en todo su desarrollo psicológico (conformación de la identidad) y en su sistema nervioso en plena inmadurez en esos años (no olvidemos que culmina éste a los 25 años). Luego en una segunda instancia debemos pensar en la vida familiar de un niño que ya a los 12 años consumía pegamentos, nafta y estimulantes varios.


Indudablemente la crisis familiar era evidente. Por último, cuáles fueron los elementos que permitieron la resiliencia o sea la capacidad para superar esta adversidad del desarrollo tanto en el propio paciente como en la familia y los recursos que la comunidad terapéutica les proveyó para que se de este proceso terapéutico.


Rehabilitar un joven implica una asociación entre tres actores; el propio joven apoyándose en sus intentos de superar sus dependencias patológicas tratando de formar un vínculo con los terapeutas y el equipo institucional para lograr efectos positivos , al mismo tiempo el apoyo de la familia (en este caso la madre) ayudándola a sostener una terapia que es una “salvación” de una persona frente a una situación tan cercana a la muerte y al deterioro y por último la habilidad y la capacidad amorosa de los terapeutas y la institución para formar una relación estable y fructífera. Tres actores claves para formar un círculo virtuoso de salud.


LA ENFERMEDAD DEL DESARROLLO


Hoy se considera a las adicciones como una enfermedad del desarrollo, la variable de la edad es importante ya que el máximo impacto de consumo se da en la población de 12 a 25 años.


Tres procesos muy dinámicos se hallan alterados al mismo tiempo cuando se dan las adicciones en esta etapa de la vida .Asistimos al principio a una poda neuronal que imposibilita la conexión química y eléctrica propias de este nivel evolutivo y a esto se une la alteración de las autopistas de transmisión que es toda la estructura que permite la activación del billón de neuronas que poseemos y por último la alteración de la oscilación sincronizada de toda esa “orquesta sinfónica” que es un cerebro humano.


Rápidamente el joven ve alterada sus percepciones y el sentido de realidad para culminar en muchos casos con trastornos psicóticos. Poda neuronal, alteración de las autopistas de transmisión y de sincronización neuronal tienen efectos graves en la conducta humana y en el desarrollo posterior.


Jorge esto lo vivió con choques automovilísticos, cuatro intentos de suicidio, vivencias delirantes, cárcel, robos. Todo esto pasó antes de conocernos. En él se dio todo lo que forma parte del conocimiento actual de las drogas en los adolescentes: desarticulación de los sistemas de control de impulsos, la motivación, la memoria y del pensamiento. Así dejó de estudiar, abandonó cualquier oficio que se le ofrecía y su vida se marginalizó. Su vida transcurría entre el consumir para buscar un placer inalcanzable y un alivio al malestar que le ocasionaba el no consumir. No tenía ya capacidad para abstenerse y la ansiedad lo manejaba aumentando el deterioro de su comportamiento mientras disminuía el reconocimiento de los problemas que tenía en sus conductas.


LOS PROBLEMAS FAMILIARES


En Jorge fue clave la madre y acá debemos hacer un elogio a la función materna como solía decir el mejor psiquiatra infantil del siglo XX D. Winnicott en su artículo “La madre deprivada”. Era una verdadera mujer deprivada ya que abandonada por su compañero (consumidor también él) debía trabajar y la educación era una tarea muy difícil.


Vemos cada vez más en las adicciones de los adolescentes la falla de la función paterna con sus distintas variantes: abandonos, descuidos, violencia, consumo de drogas, etc. En ese artículo Winnicott llega a decir que la “función de criar hijos es la que proporciona la única base real para la sociedad y la única fuente para la tendencia democrática de un país”.


Cuidados parentales y democracia; que hermosa definición. Esto mismo se lo dice a W. Churchill que como Primer Ministro de Inglaterra que le habido pedido asesoramiento sobre lo que sucedía en ese país después de la Segunda Guerra Mundial por la cantidad de chicos abandonados. Así le llegó a decir que fortificara el vínculo familiar con padres adoptantes como único remedio para una sociedad democrática.


EL PROCESO DE CAMBIO


Privación paterna y defección de la madre fueron superadas en la recuperación de Jorge. El maestro francés Boris Cyrulnik nos enseña “…empezar mal en la vida no determina que tu vida tenga que ser desgraciada”. Precisamente Cyrulnik a los 7 años cae en un campo de concentración con sus padres; éstos son asesinados y queda solo en el mundo. Cae en Casa de Beneficencia y al final es adoptado. Es lo que él llamaba un “patito feo” condenado a ser un delincuente o un maltratador. Deambulaba de un centro a otro hasta fue adoptado. Ahí recibió apego, sustento seguro.


Hoy a sus 88 años es uno de los psiquiatras que más nos enseña con relación a lo que él llama resiliencia que es la capacidad de superar adversidades y salir fortalecido de ellas. Este médico neurólogo y psiquiatra es un ejemplo de ellos. Confirma que un mal inicio de vida no implica una vida desgraciada.


Hoy los campos de concentración son con “alambrados imaginarios” y está en las variadas compulsiones adictivas por donde pululan las epidemias y pandemias en los distintos territorios.


En tiempos en que la palabra y la compañía humana aparecen devaluadas y en donde los fetiches u ortopedias como las drogas y las diversas adicciones al sexo, juego, etc. suplantan a los vínculos humanos aparecen en los consultorios personas que lloran todavía heridas emocionales de muchos años y que taparon con rituales, sustancias o parejas múltiples.


Nuestra tarea es escuchar y acompañar este dolor y también ver como otras personas que sufrieron similares situaciones pudieron superar estas adversidades y salir adelante.


Rehabilitar a Jorge fue también rehabilitar a la madre y sostenerla en el vínculo con el equipo de tratamiento. La depresión de la madre, los traumas y el abandono vividos ante la ausencia de un compañero válido fueron una tarea para la recuperación.


La resiliencia es precisamente ese proceso de superación en donde aparece un sentido de la vida como superación. Para que se dé este proceso resiliente de superación de abandonos, desamparos, abusos hace falta un tutor humano, una compañía válida que asegure afectos, apego seguro y palabras orientadoras. El adulto que acoge al desamparado y abandonado después de sus tragedias se transforma en un modelo de identidad.


En términos de Cyrulnik sería aquel lo ayuda a navegar en los torrentes. Jorge aprendió a navegar en los torrentes y nosotros fuimos su guía. Pero el destino vivido no cerró su vida ahí como sucede en la melancolía en donde la memoria de lo traumático retorna a cada instante. Ese es el “sol negro” que acompaña a muchos.

Dr. Juan Alberto Yaría, especialista en adicciones

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