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Viernes, 05 de Marzo Villa Gesell

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LO ANTISOCIAL HOY

“…el acto constitutivo de una familia no es la cópula, es una unión que no se da para el instante …es una fundación…es para durar” - (G. Marcel)


Llama la atención la cantidad de pacientes con conductas antisociales que acuden a la consulta en donde el consumo de drogas culmina un gran vacío existencial al lado de traumas afectivos infantiles no suturados (abandonos, incesto, violencias, etc.). Delitos varios y con el consumo 


Todos los actores comunitarios me lo describen en términos antisociales desde las instancias judiciales hasta los familiares más allegados me aseguran la antisocialidad evidente de estos pacientes. Los escucho, pero trato de generar un vinculo con el residente para encontrar un sentido a lo que les sucede y ahí aparece la cantidad de situaciones traumáticas que han vivido.


Oscar se acercó a mi luego de varios delitos con una condena en suspenso que necesitaba ser superada a través de un tratamiento. Aparecen entonces la cadena de traumas que han sido una compañía paralela en sus vidas. Lo antisocial resultaba ser una defensa frente al vacío y las heridas emocionales. 


Vemos miles así hoy. Trate de estructurar lo que se denomina una alianza terapéuticay lo logramos juntos. Hoy vive en su pueblo con conductas productivas y generando frutos sociales.


La Academia de Pediatría de U.S.A. (2018) ha estudiado en estos pacientes la cadena traumática que los siguió a muchos desde que nacieron.  Así encontramos: abuso emocional, abuso físico, abuso sexual, negligencia emocional o física, maltrato violento de la madre biológica, enfermedades mentales en el hogar, encarcelamientos de familiares, ausencia de alguno de los padres o desconocimiento de su origen. Oscar vivió muchos de estos hechos. Y por último la calle como instrumento fundamental en la de-socialización y en la generación de marginalidad.


 Estas experiencias por lo repetidas se transforman en lo que hoy se llama “stress toxico”y pueden dar lugar a una sed de venganza y resentimiento para toda la vida. Se estudiò para ello a más de 17.000 ciudadanos americanos y se comprobó que más del 60% habían quedado afectados por todas estas experiencias y lo antisocial aparece como elemento de primera magnitud.


La noción de Ley y de regla que se aprende y se interioriza en la relación con los padres, la escuela, los grupos significativos de la cultura y de las instituciones barriales quedan absolutamente deterioradas y aparecen conductas narcisistas(patología de inflación del Ego que se convierte en la máxima Ley que rige sus vidas más allá de las Leyes del Bien Común). La calle es la “escuela” antihumana que siempre interviene.


La entrada en bandas, venta de drogas, la pertenencia a “barras bravas”, la alianza negativa con grupos marginales va conformando lo que hoy se denomina el “narcisismo maligno” (Otto Kernberg -analista especializado en trastornos de la personalidad severos). 


NARCISISMO MALIGNO


El síndrome de narcisismo malignoesta caracterizado por una personalidad por un egocentrismo extremo, envidias, tendencia a sentirse en competencia con todos los demás, superioridad, tendencia a devaluar a otros, incapacidad de empatizar y de relaciones humanas profundas. Sensación emocional crónica de vacío con abuso de drogas y alcohol para compensar esta sensación y conductas antisociales francas (mentiras, destrucción a entidades sociales). 


Cuando se ligan a Lideres antisociales están cerca de formar grupos extremistas y este Líder refuerza sus conductas y que además les justifica todo sin sentimientos de culpa.


Tienen todos colapsos de su vida social, por ejemplo, hijos abandonados y repiten con otros su propia historia. Son “materia” fácil para grupos marginales y que un “Patrón del Mal” los dirija. Son superiores así a otros.


Se sienten convencidos de que la “depuración” del enemigo es la “depuración” de la comunidad o del club, o de otro grupo barrial o de otra banda que disputa territorios. La agresión es un mandato ético validado por el “Líder antisocial” máximo


Se establece un “Estado Totalitario”en el propio grupo de pertenencia patológico ya sea en el barrio, el club, o del distribuidor de drogas. Ahí nada se discute. Nada de lo que dice el “Líder mayor” se puede discutir.


Además, todo se justifica desde un enemigo: “blanco-negro”, esta banda contra la otra, un grupo de un club contra otro, etc. Ahí aparece la guerra por la disputa de territorios como sucede en Rosario, por ejemplo. Las causas y consecuencias están más que claras. 


Escisiones potenciales en una población que en algún caso se buscan o sea ahondar divisiones (blancos y negros); traumatizaciones extremas que inducen angustia, agresión y sobre esto se desarrolla una ideología que lidere el grupo segregado de marginales, des-afectivizados, desvinculados desde niños de figuras significativas. Una vez que se da esto aparece el estallido de violencia que terminó con el agotamiento que lleva a un gran daño. 


El mundo de ellos es un “mundo en guerra”. La paranoia y la megalomanía reinan inflado todo esto por el consumo de drogas.


La pobreza extrema, la caída de la escuela y la familia y de las instituciones culturales de la sociedad son ejemplos en el mundo que abonan el crecimiento de estos grupos patológicos.     


FRACASO DE LAS INSTITUCIONES SOCIALIZADORAS


Somos seres vinculares; nos hacemos en vínculos con otros y muchos de esos otros son especialmente significativos (padres, maestros, familiares exclusivos, líderes sociales, etc.) y a la vez el vínculo requiere de una pertenencia a un grupo (familia, institución). El vínculo se asienta en sentimientos ligados a una contención particular en situaciones críticas.


Vivimos una época pandémica con déficit de vínculos y sentimientos. El “zoom” tan prestigiado no reemplaza al contacto directo, observar la cara del otro, el rostro, la mirada. Escuchar la lección del maestro, el amor al Libro que èste inspira, la solidaridad y la socialización que da la escuela o el club. Todo esto queda amputado. Crecemos con testimonios de figuras significativas y el “zoom” nos aleja de esto.


Esto también se ve en lo universitario. El alumno crece en Medicina o en Psicología por ejemplo viendo a un maestro dirigiendo o haciendo una consulta. Esto falta hoy, por ejemplo, como palpar un órgano o como observar a un grupo de pacientes en tratamiento. No hay presencialidad. Nos vamos transformando en seres tecnológicos, pero hipercinéticos y teledirigidos


El teletrabajo en algunos casos ayuda, pero se pierde el contacto personal, emocional con el grupo de trabajo y la posibilidad de sentirse parte de una organización. Nos vamos aislando progresivamente. La tecnología vuelve a triunfar, pero la personalización que da el pertenecer a un grupo, que es muy importante, hace sentir sus consecuencias. 


La lección del otro que porta un cierto saber nos “vacuna “frente al virus de la ignorancia o del fanatismo. Tenemos que aprender y estudiar que es la mejor manera de ser humildes base de una actitud humana.


Este virus de la ignorancia y del fanatismo y la cantidad de personas con actos antisociales y consumo de drogas nos debe -creo-llevar a potenciar y reforzar los elementos de la civilización que hacen al encuentro, la educación, la vida familiar, la vida escolar, el apuntalamiento de las instituciones culturales y de los clubs de barrio. 


La presencialidad con los cuidados necesarios por la presente situación sanitaria, pero desterrando la idea que, desde nuestra casa, aislados con el “zoom” podemos hacer todo. En todo caso se escribiría una nueva historia de la humanidad que surgió de los vínculos los encuentros y de las socializaciones productivas.


Los pacientes son una lectura de una época, surgen de déficits de la propia cultura que los recibió y en muchos casos los abandonó. Esta es una tarea nueva para los que como terapeutas los debemos acoger y ayudar tanto a ellos como a los restos de familia que tienen.


Promover alianzas, desterrar defensas frente al otro, cultivar la paciencia y la flexibilidad frente a personas que sufrido mucho es una tarea de hoy.

Dr. Juan Alberto Yaría, especialista en drogadependencia

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