Ser nadie . Para nadie. No ser reconocido, lo afirmaba con su particular lucidez esa santa de hoy y de ayer. No se refería, creo así interpretarla, al desamparo económico sino también y fundamentalmente al afectivo. Es una paradoja pero este vacío de identidad va de la mano con la omnipotencia. Hoy, en las Fiestas en un clima de celebración permanente , se juntan la identidad de los "nadies" con la omnipotencia de un mundo festivo que oculta lo siniestro de la muerte. Mundo en celebración perpetua ; vivir en el vacío y con la muerte subida al "envión " de la omnipotencia van de la mano. Nuestros consultorios y salas de emergencia se llenan de pacientes que luego de una "jarra loca" más o menos VIP traen su existencia de "nadie" a la consulta. Magulladuras, golpes , heridas, discapacidades parciales o totales , accidentados fatales. Esa "jarra loca" puede ser en una "bailanta" un precipitado de alcoholes diversos y pastillas o en un VIP la mezcla de energizantes con cocaína y mucho...mucho alcohol. Se toman energizantes en latitas que contienen dosis altísimas de cafeína (casi 6 cafés) ,taurina ( aminoácido cerebral sintetizado comercialmente) para simular o "trucar" mas lucidez y todo eso gasificado ; o sea para dar más potencia al alcohol y a las drogas. Jarra verdaderamente loca; es la insensatez de la búsqueda de la muerte desde el "aura" de la celebración.
Desmesura. Pérdida de toda medida. Abolición de todo límite . El cuerpo ya no sufre . Está anestesiado con la cafeína. Más alcohol. Más cocaína y/ o extasis. Cuando no tambien Viagra. Mundo alucinado o sea de luces engañosas. Después a subir a un coche en horas del amanecer . El cuerpo habla, a veces demolido por el sueño, y un árbol o una pared son el límite que muestra el "límite", en muchos casos el final.
Nuestra sociedad estimula tres rasgos que se definen por lo que denominamos el mundo maníaco o sea un mundo en continua "celebración" pero vacío; es la tríada en donde se conjuga la hiperactividad, la fuga de ideas y la disposición anímica exaltada. Todo es rápido. El pensamiento salta de un lado para otro. La exaltación suplanta a la sensatez.
Lo maníaco es un valor exaltado en nuestra sociedad , pero es una forma desde el vacío que lo antecede de anticipar una autodestrucción que es lo que generalmente posteriormente sucede.
MUNDO CONTAGIOSO
Además todo esto tiene "prensa". Es lo "correcto". Es una conducta de miles que se repite por mimesis o sea por contagio. Es lo que llamo en mis trabajos una "virosis mimética" , término que importé desde la medicina para adjetivar una conducta contagiosa . Para ser alguien este "nadie" siente que hay que pertenecer a ese mundo de la celebración en donde el parecerse suplanta al perecer. Si no me parezco, perezco. El "nadie" se reconoce en esta conducta que al ser masiva le da pertenencia o sea identidad.
Vivir al borde, vivir al límite. Patología masiva de los límites. La desmesura es la respuesta ante el vacío. El vacío los lleva a refugiarse en lo tribal. Ahí también hay identidad aunque me pierda en la masa . En la masa surge el pánico cuando alguien cae. Es común ver a jóvenes que llegan ensangrentados luego de una sobredosis. Ante las convulsiones y la hipertensión fruto del maltrato al cuerpo y la mente surge el corte . Los amigos los cortan ; debe fluir sangre. Esta "sangría" en muchos casos precipita una hipobolemia que lleva a una hipotensión mortal. Estos cortes, creo, son muy simbólicos de una peculiar entrega corporal y de la misma vida que es lo que representa la sangre en estos juegos de muerte que culminan en la sobredosis. Cada noche vivida "a mil" , como ellos dicen , es un verdadero rito sacrificial.
LOS MARGENES
Pero algo queda al margen. En este mundo de "celebración perpetua" nos salteamos el límite. Nos quedamos solos con nuestra omnipotencia . Dejamos a un costado que todo placer tiene un límite. La desmedida va unida al exceso y el exceso crea una Ley propia que me va a justificar . Todo exceso va unido a la creación de una legalidad supletoria. Un "orden" mío pero que desconoce los parámetros del cuerpo, la mente e incluso la realidad material de las máquinas que manejo o intento controlar. O sea hay Otro Orden que necesito acatar y que tiene que ver con los límites de mi percepción , de mis ritmos biológicos. Es, entonces, un peculiar mundo alucinatorio; por ende engañoso , que responde a mi omnipotencia pero que desmiente la realidad. Repudia la realidad.
Las fiestas así se van convirtiendo en tragedias. Cuando no acatamos la Ley de la realidad y la sometemos a la omnipotencia anticipamos , quizás , el cementerio . O sea llamamos a la tragedia.
Dr. Juan Alberto Yaría
Director del Instituto de Drogadependencia
Universidad del Salvador